Dorohedoro

En una ciudad tan triste que solo puede llamarse “the Hole” (El Hoyo) , un clan de hechiceros ha estado sacando gente de las calles para usarla de conejillo de indias para atroces experimentos en las artes negras. Mientras tanto, en un callejón oscuro Nikaidou encontró a Caimán, un hombre con cabeza de reptil y un mal caso de amnesia. Para deshacer el hechizo, están cazando y matando a los hechiceros en el Hoyo, esperando que eventualmente maten al correcto. Pero cuando En, el hechicero principal, se entera de que un hombre lagarto está matando a su gente, envía a un grupo de “limpiadores” al lugar, iniciando una guerra entre dos mundos.

Con una animación que mezcla un muy bien logrado 3D con unos detallados fondos, cuya estética recuerda a grandes obras del animé como Akira, Dorohedoro se alza como una de las mejores series de esta temporada de invierno (y muy probablemente del año), gracias a una historia que se centra en carismáticos personajes dentro de un mundo caótico cuyas reglas van mutando con la misma facilidad que los efectos de la magia. En este relato lo importante no es brindarle al espectador respuestas sobre el contexto de esta sociedad distópica, sino sumergirlo en un sanguinario, violento y magnífico viaje de autodescubrimiento junto a Caimán, un lagarto adicto a las gyozas y en cuya boca vive un hombre en busca de venganza.

Basado en el manga escrito y dibujado por Q Hayashida, Dorohedoro es una serie que explota a la perfección lo mágico de su mundo, rompiendo reglas e imponiendo sin problemas su propia “normalidad”. Durante 12 episodios, el espectador va entretejiendo las pistas que la narrativa ofrece, logrando hacia el final un panorama más completo no solo del contexto del relato, sino también de la amplia gama de personajes que se presenta. A primera vista se podría decir que Caimán es el protagonista dentro de toda esta locura sanguinaria, sin embargo, entre capítulos la voz narradora se intercambia entre En, Shin y Fujita. Llama la atención que el punto de vista la mayoría de las veces sea guiado por un personaje masculino el cual, tras una serie de circunstancias, termina descubriendo a otro femenino. Nikaido, Noi y Ebisu se despliegan ante el espectador entre retazos de información que los demás captan de ellas, brindándoles una profundidad llena de misterio que invita a ser desentrañada.

De esta misma forma, la figura de la mujer se aleja del arquetipo de soporte y objeto amoroso, presentando al género femenino en su máxima complejidad y poderío, ya sea tanto físico como mental. En esta historia no se encontrarán princesas en peligro y Noi es el gran ejemplo de ello: aprendiz de demonio, Noi cultiva su cuerpo para así siempre ir al rescate de su amado sempai debido a su magnífico poder de curación. Mientras Shin se abalanza a golpear con su martillo sin medir las consecuencias, Noi cuida sus espaldas a través de mortales patadas para luego resucitarlo las veces que haga falta. La relación de ambos es tan mágica como el mundo de los magos: como si de un puzzle se tratase, se arma una atracción que a ratos roza una inmaculada inocencia.

En un inicio esta podría parecer una historia que se rige por los conceptos del bien y el mal y por la figura del héroe y el villano. No obstante, esto luego se desdibuja cuando el relato desnuda ante el espectador lo más intrínseco de cada personaje, permitiendo no solo conocer pasados, traumas y batallas personales, sino además carismáticos protagonistas cuya motivación jamás está sustentada por la maldad. En, quien en un principio es la fuerza opositora más poderosa a los deseos de Caimán de encontrar al mago que le tiró el hechizo que le arrebató los recuerdos y le cambió su cabeza, posteriormente se arma como un hombre solitario de infancia y juventud dolorosa, que en los tiempos actuales de riqueza solo busca mantener protegida a su nueva familia. De esta forma, hay una cierta bondad ingenua en estos personajes bienintencionados: excepto por la venganza de Caimán y el hombre que vive dentro de su boca, a estos personajes los mueve el valor de sus afectos y el profundo agradecimiento de haber sido salvados por el otro. Todos unidos por una cadena invisible de favores que, en un mundo tan grande, debe ser una fuerza más poderosa que una simple coincidencia.

Con 12 episodios (y confirmados 6 OVAS posteriores), el estudio MAPPA hace de Dorohedoro una joya imperdible que demuestra la grandeza del animé tanto en técnica como en contenido. Nunca complaciente con el espectador cuando se trata de explicar en demasía su subtexto, la serie es una invitación a desentrañar misterios, como si fuéramos Caimán descubriendo nuevamente el mundo que le rodea. De la mano de Nikaido, el protagonista quizás descubra que la diferencia entre los magos y la gente de “el Hoyo” no es tan abismal como parece y que la brecha entre ricos y pobres dentro de un sistema injusto no es tan difícil de acortar: tal como En, Shin y Nikaido, solo hace falta un poco de sangre, hongos y unos cuantas cuchilladas y martillazos para estar cerca de la construcción de mundo ideal. Ojo con las lecciones que la serie nos brinda al final, pequeñas simplezas que terminan resaltando la maravillosa locura de sus personajes y universo.

Ya disponible en Netflix. No se la pierdan.

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