Destrucción

Erin Bell (Nicole Kidman) trabajó en su juventud como policía encubierta en una peligrosa banda del desierto de California. Su incursión en el mundo de la mafia tuvo consecuencias fatales para su mente de las que cree haberse recuperado. Sin embargo, cuando el líder de la banda vuelve a dar señales de vida, Bell sufre una odisea moral y existencial. La única solución para olvidar sus fantasmas pasa por retomar el contacto con viejos miembros del grupo, intentando comprender cuáles fueron los motivos que destruyeron su pasado.

Dirigida por Karyn Kusama (The Invitation, Jennifer’s Body) y escrita por Phil Hay y Matt Manfredi, Destrucción es un film inteligente y agudo, con una minuciosa construcción de guión, el cual se interna dentro de las normas de un género habitualmente masculino para moldear un protagónico femenino potente, torturado, con un pasado violento que ha dejado cicatrices imposibles de sanar. Con una Nicole Kidman de perfecta interpretación, el largometraje exige al espectador un compromiso con la historia que se ve recompensado con la libertad del mensaje final, donde el relato se escapa de lugares comunes para internarnos en un laberinto donde la redención no es para nada un trabajo sencillo.

Entrelazando el pasado con el presente, Destrucción indaga en la lucha interna de una mujer que lo ha perdido todo, incluso las motivaciones para cumplir los diversos roles de su vida: tanto su actividad laboral como familiar se resquebraja como el cuerpo de Erin cada vez que recibe un nuevo golpe. Su rostro (con un maquillaje que busca dramatizar la actuación de Kidman sin necesitarlo verdaderamente) es una máscara de restos de que lo que alguna vez fue. Vacía para nuevas sensaciones, en Erin solo queda espacio para la venganza, olvidando hasta a su propia hija en el proceso, la cual está formando su identidad y su sentido de la libertad, la felicidad y el remordimiento.

De esta manera, Kusama presenta una anécdota interesante cuando nos centramos en los terrores de la protagonista; sin embargo, los flahback que verdaderamente buscan darle forma a Erin en todas sus facetas tardan demasiado en llegar, creando un metraje de dos horas que a veces se hunde en el tedio y en algunos puntos muertos, debido a personajes secundarios que poco aportan a lo que verdaderamente busca contar el largometraje.

Nicole Kidman asume en sus hombros todo el peso de la película con su sobresaliente caracterización, sin embargo a ratos eso no es suficiente para mantener la tensión de un guión que le termina exigiendo demasiado al espectador casual. Por otra parte, Silas carece del peso dramático suficiente para ser el antagonista que justifique el actuar de Erin, por lo que el enfrentamiento entre estas dos fuerzas pierde potencia y justificación hacia el final.

Perdiendo al espectador en el juego de presente y pasado, Destrucción es un largometraje que logra sostenerse, a pesar del tedio, gracias a un personaje femenino interesante que se desvela poco a poco ante el lente de su directora. Si son los ojos de Erin los que abren la película en un primerísimo primer plano, es su decisión de libertad y redención lo que cierran finalmente un relato que, a pesar de tener un desarrollo algo difuso en relación a la potencia que el género requiere, logra retratar un viaje donde la justicia se vuelve esquiva y donde el bien y el mal se entremezclan en mentes y cuerpos golpeados, heridos, sin capacidad de salvación.

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