La casa que Jack construyó

Estados Unidos, década de 1970. En la película seguimos al brillante Jack (Matt Dillon) durante un período de 12 años, descubriendo los asesinatos que marcarán su evolución como asesino en serie. La historia se vive desde el punto de vista de Jack, quien considera que cada uno de sus asesinatos es una pieza de arte en sí misma y está en la búsqueda de su obra maestra. 

Dirigida por el siempre polémico Lars von Trier (Anticristo, Melancolía), La casa que Jack construyó es un film que se sumerge en lo más profundo del alma humana, intentando encontrar respuestas a preguntas tan fundamentales como la esencia del bien y el mal y los principios que conforman a un individuo. Sin embargo, el director parece emerger de este infierno con más nuevas preguntas que respuestas, convirtiendo a la película en su obra más personal. En esta constante búsqueda del goce absoluto, Lars von Trier se plantea tanto a él como al espectador interrogantes inquietantes, incómodas, sobre el origen de la violencia, el rol del arte y, por sobre todo, el verdadero significado de la perfección. 

Jack es un hombre que busca llenar vacíos. Dueño de un terreno con vista a un paisaje onírico muy parecido a la calma y belleza de lo que sería el paraíso, Jack intenta allí construir su residencia definitiva con sus propias manos. Sin embargo, es difícil encontrar la materialidad perfecta para construirla y el plano de la vivienda adecuado. Nada parece ser suficiente para llenar ese perfecto e íntimo espacio. Siguiendo esta misma necesidad, el largometraje se plantea este paraíso como fin último y cómo el ser humano va llenando el idílico paisaje con el fin de establecer los pilares que lo conforman. A través de diálogos explicativos y certeros, el director habla del rol del arte en todas sus disciplinas, buscando el sustento, el significado y la verdadera materialidad que da cobijo al acto de crear. 

Como un diario íntimo, La casa que Jack construyó se devela lentamente a través de cinco asesinatos que parecen conformar la esencia misma de su protagonista. Autobiográfica y completamente honesta, el largometraje se sitúa en el plano de lo performático, invitando al espectador a un juego donde los ojos de la realidad no tienen cabida. Para disfrutar por completo de la experiencia planteada en este relato, es necesario cruzar la línea superficial establecida entre el bien y el mal, dejar afuera prejuicios y sumergirse por completo en una historia que se toma todas las libertades necesarias para comprender la sustancia misma de lo orgánico, de lo primitivo y también de lo racional. 

Explícita en su contenido violento, La casa que Jack construyó no establece límites para el ensayo cinematográfico que busca retratar. Dispuesta a herir sensibilidades de los espectadores más desprevenidos, el director juega con la polémica y parece divertirse a momentos, tal como Jack luego de asesinar, de las reacciones adversas del público y la crítica. Si bien podría tildarse este film de ambicioso por todos los temas que pretende abarcar, Lars von Trier termina entregando su más honesta y gutural pieza audiovisual, una que se despega del recorrido de festivales y que solo busca la autosatisfacción, una epopeya al oficio del cine y sus técnicas. Jack nos mira, directo hacia la cámara, y se comunica a través de carteles que, nuevamente, quitan el piso de realidad al que estamos acostumbrados. Acá hay performance pura en un juego de seducción de goce unilateral.  

Con un estilo no lineal de narración, la película salta de un hecho a otro con el fin de hacer el recorrido justo en el viaje de descenso del protagonista. Con una voz en off al inicio (con un suave sonido de agua de fondo), Jack no solo cuenta sus cavilaciones en torno a la construcción y deconstrucción de un individuo, sino que también deja de manifiesto la culpa no únicamente del sujeto que ejerce violencia, sino también del que decide ignorarla, en esa falta de empatía tan característica de la actualidad. Es ahí donde se sustenta el discurso más controversial del film, ese que une la matanza de judíos de la Segunda Guerra Mundial con una obra maestra. 

La casa que Jack construyó es un viaje por los vacíos del ser humano y cómo éste los va llenando a lo largo de su vida, cómo nuestra casa se construye a través de la eterna lucha entre el bien y el mal. Lars von Trier es pesimista en este punto: puede que nuestra esencia se sustente de forma más perfecta en la maldad que en la bondad. La calma del paraíso es un breve instante que termina con un torbellino que arrasa los cimientos de quiénes somos en verdad. El arte es una respuesta a esta desolación; la violencia, el origen de la tormenta. 

Anuncios

Un comentario en “La casa que Jack construyó

  1. Pingback: Podcast #1: Perdón por molestarte, Lars von Trier + Concurso! | Cine Chasquilla

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s