Sorry to bother you

Cassius Green (Lakeith Stanfield), un vendedor telefónico con problemas de autoestima, descubre la clave para subir escalones en la compañía. Sin embargo, el éxito podría ir de la mano con traicionarse a sí mismo, a su novia Detroit (Tessa Thompson) y a sus amigos activistas que buscan denunciar prácticas laborales injustas y crear un sindicato en la empresa.

El título de la película aparece solo hacia el final del metraje (Perdón por molestarte, en español), como si verdaderamente existiera una disculpa hacia el espectador por el visionado que acaba de experimentar. Porque Sorry to bother you busca ir mucho más allá de una estructura clásica: encerrándose a sí misma dentro del poderoso discurso de denuncia que busca graficar, la ópera prima de Boots Riley se acerca a un ensayo cinematográfico donde, más que los arquetipos de comedia o los tiempos de montaje, lo importante radica en sumergir a un desprevenido espectador en un viaje donde el futuro y el presente se entremezclan, en una ácida crítica hacia el sector empresarial, el rol del arte, la rebelión obrera y, por sobre todo, la lucha por la integridad, sueños e ideales que conforman a cada individuo.

Sorry to bother you es un film inteligente, ambicioso, que juega muy bien al tire y afloje con el espectador, entregando y pidiendo en igual medida a lo largo de las casi dos horas de duración. Con una premisa inicial que se asemeja a una típica comedia norteamericana, Riley logra construir una película aguda, fresca, donde se instala un potente discurso racial y social. A través de una narrativa que se sitúa en un distópico futuro (uno muy, muy cercano), la película permite que Cassius crezca como uno de los protagonistas del relato, brindándole un claro viaje de ascenso (escalar como telefonista para luego vivir en un penthouse con vista a la ciudad) y de descenso (sacrificar sus lazos sociales con tal de mantener su red económica). Lo más potente de la premisa radica en que Cassius debe sacrificar todo, incluso su identidad racial, para poder ser un vendedor exitoso: en las ventas telefónicas, el comprador del otro lado de la línea solo acepta comprar lo que no necesita cuando el vendedor es un blanco. Debido a esto, Cassius comienza a crear una voz de blanco que le abre puertas que antes parecían impensadas. 

De esta forma, el largometraje es inteligente en plantear las problemáticas raciales tan vigentes en el Estados Unidos de la actualidad, ya que también brinda un especial acento en este tema gracias al desarrollo del personaje de Detroit, una muchacha que pelea por el cambio no solo desde la trinchera del arte (con una exposición sobre el continente de África y la explotación de su gente), sino también activamente desde una agrupación que deja mensajes en los muros de las calles en contra de las desigualdades e injusticias vividas, una resistencia que se identifica con una línea negra bajo el ojo.

En este Estados Unidos de las oportunidades, la película deja entrever a una sociedad fracturada, ahogada en deudas y consumo, a la cual se le promete la oportunidad de trabajar de por vida en una empresa que a cambio ofrece cama, comodidad, felicidad y comida. Sin embargo, la publicidad puede ser tan engañosa como las sonrisas forzadas de los comerciales. Sorry to bother you presenta la vida de individuos forzados a la esclavitud moderna, esa misma que se sostiene en una moneda inestable y que termina por debilitar no solo la integridad de las personas, sino que también la empatía por los problemas y sufrimientos del otro. De ahí el programa de televisión que tanto rating marca y que se aprecia de fondo a lo largo de la película, que solo consiste en el morbo de la violencia. 

En los aspectos técnicos, la gran fortaleza del film radica en su banda sonora original (la cual está compuesta por la banda del director, llamada The Coup), la cual brinda una estética pop y ágil al relato. Sin embargo, el largometraje se vuelve irregular tanto en su ritmo de montaje como en su propuesta fotográfica, elementos que parecen secundarios en relación a todo el contenido que se quiere transmitir, dejando de manifiesto el espíritu discursivo de esta ópera prima. 

Dividida en dos bloques, el largometraje primero se centra en establecer las problemáticas a través de diálogos explícitos más que en acciones, volviéndose algo tediosa a momentos en su construcción de realidad. Por otro lado, el segundo bloque (que surge durante la inauguración de la exposición de Detroit) es mucho más performático, invitando al espectador a leer entre líneas y saltar a una metáfora que se convierte en el gran giro final del film. Y es que eso lo hace a la perfección Sorry to bother you: sorprende con un desenlace imaginativo, ácido, con un enfrentamiento tan épico que pareciera que por eso luego el director pide disculpas al final. Gran mérito de que esta fascinante y atípica estructura funcione proviene del sólido trabajo actoral, sobre todo de Lakeith Stanfield y una sorprendente Tessa Thompson, la que a ratos termina robándose el protagonismo con la complejidad de su personaje.

Con un guión construido de pequeños gritos que confluyen en la estridencia final y el cual es generoso con sus protagonistas (los cuales van rotando dependiendo de la necesidad narrativa del momento), Sorry to bother you se percibe como aire fresco dentro de una industria acostumbrada a fórmulas atrapadas dentro de algún género cinematográfico. Sin encasillarse y siempre osada en su tratamiento, el largometraje apela directamente al espectador con un potente discurso racial y social. Boots Riley no necesita disculparse por su ópera prima: honesta, ácida e ingeniosa, Sorry to bother you se alza como un imperdible del 2018. 

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Un comentario en “Sorry to bother you

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