Tres anuncios por un crimen

Mildred (Frances McDormand) busca justicia para su hija, la cual fue brutalmente asesinada. La policía local se encuentra en un punto muerto en la investigación, sin encontrar sospechosos ni culpables. Hastiada ante la inoperancia del jefe de policía Willoughby (Woody Harrelson), Mildred decide colocar tres anuncios a las afueras de la ciudad, planteando la interrogante que tanto la atormenta: ¿Por qué aún no hay arrestos por el crimen de su hija?

Martin McDonagh (Escondidos en Brujas, Siete psicópatas) ahonda en la ira y el descontento de una madre, quien se ve envuelta en un círculo de odio que parece no tener fin, el mismo del que no pueden escapar los residentes de Ebbing, un pueblo que aún lidia con la discriminación y el abandono. Tres anuncios por un crimen es el viaje de Mildred y Dixon (un sorprendente y complejo Sam Rockwell) en busca del verdadero significado de la justicia.

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Entre tanta rabia que embarga a Mildred, pareciera que el fin primero que le hizo colocar los carteles pierde significado. Porque de eso habla este largometraje: de la violencia y el odio como sentimientos asfixiantes de infinita génesis, que se reproduce con la misma facilidad que los chismes en un pueblo pequeño. La acción de Mildred no produce buena recepción en Ebbing: todos saben que Willoughby va a morir, por lo que no agrada el hecho de que al buen jefe de policía se le señale con el dedo. Willoughby sufre de cáncer y no tiene una muerte más importante que resolver que la suya propia. Siendo el único personaje con un toque de bondad, Willoughby busca dejar tras de sí un camino que quizás no lleve a encontrar a los culpables de la violación y muerte de la hija de Mildred, pero sí una comprensión de lo que es el coraje y la redención. Con Mildred y Dixon como aprendices, el jefe de policía entrega pistas de humanidad que parecen haberse perdido entre el olvidado camino que lleva al pueblo.

Si bien Frances McDormand brilla con su potente personaje y lidera la acción con una interpretación visceral y a ratos emotiva, Tres anuncios por un crimen alcanza sus mejores momentos gracias a Sam Rockwell y su torpe Dixon. Siempre movido por la violencia (es conocido en el pueblo por haber torturado a un acusado negro durante un interrogatorio), Dixon es un policía que aún cree en la llegada de un superhéroe que los salvará a todos. Entre cómics y la música de sus audífonos, el policía sigue reproduciendo los prejuicios de su madre, una mujer que parece estancada en la Guerra de Secesión. Teniendo a Willoughby como un héroe, Dixon se enfurece ante los carteles, la determinación de Mildred y el encargado de publicidad que colocó los afiches. No intenta llegar a un punto medio de entendimiento: su mundo se divide entre el negro y el blanco, sin mayores matices que le permitan comprender a los ciudadanos que juró proteger.

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Mostrando al Departamento de Policía como un grupo violento e irracional que abusa del poder del arma que llevan consigo, la película traza un viaje en torno a Dixon y sus transformaciones. Luego de leer una significativa carta que cambiará su vida, el policía emerge del fuego, ya marcado por sus errores del pasado, y decide comenzar a hacer su trabajo. Es desde este momento donde el largometraje alcanza su mayor potencial, con un Dixon que le da un nuevo sentido a su vida bajo el alero de la justicia. Porque el mundo que presenta McDonagh es desolador, con seres que solo sobreviven el día a día, siempre buscando esa pequeña esperanza que les permita renacer en las mañanas y batallar las noches. Dixon entrega esa razón para vivir a Mildred al tener una pista del asesino; ella le devuelve el favor al aceptarlo y comprender su vacío. Porque Dixon descubrirá su significado de la justicia gracias a los mismas personas que despreció en un inicio.

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La anagnórisis de Mildred viene de mano de la joven mujer por la que su marido la abandonó: La violencia solo genera más violencia. La ira y el odio son un ciclo estéril del que hay que escapar antes de ser consumido por ella. Si bien Tres anuncios por un crimen es un relato oscilante con altos y bajos, el largometraje deja de manifiesto una historia, una cultura que se asienta en una base de furia, sangre e incomprensión. Mildred busca en los carteles un final para su dolor, una respuesta a los deseos de venganza que están a punto de destruirla a ella y a su hijo. Porque la mayor justicia que pueden tener estos seres en el abandonado Ebbing es una pequeña esperanza de vida, perdón y redención.

buena

 

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Un comentario en “Tres anuncios por un crimen

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