Suburbicon

Un pedazo de paraíso en 1959. Un barrio ordenado, de casas inmaculadas y reglas sociales por cumplir. Esa es la promesa de Suburbicon, un lugar de felicidad asegurada salvo que tus nuevos vecinos sean negros. Ahí el equilibrio se rompe, casi tanto como cuando los secretos de familia incluyen amoríos, accidentes, asesinatos, mafia y mucha violencia. Porque se pueden crear cercas para alejar a los nuevos vecinos, pero no hay ninguna reja que pueda proteger del problema que radica en el interior del hogar. Suburbicon, dirigida por George Clooney (Confesiones de una mente peligrosa, Buenas noches y buena suerte), es una visión cargada de ironía sobre la sociedad estadounidense, el nacionalismo, el conflicto racial y el sueño americano.

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Suburbicon es un film de la era Trump. Si bien está enmarcada en los años 50, Clooney toma la idea de estos barrios perfectos y conservadores y retrata un Estados Unidos de muros, intolerancia y violencia. Escrita por los hermanos Coen, el largometraje desarrolla personajes en claro descenso, antihéroes sin redención capaces de hacer cualquier cosa por mantener un estilo de vida que se asemeje a la caricatura que la televisión les vende a diario. Matt Damon da vida brillantemente a Gardner, un hombre de clase media con rutina establecida, una esposa en silla de ruedas y un hijo que juega baseball y asiste a la iglesia. Pero él aspira a más, él cree merecer más. Y hará cualquier cosa por conseguirlo.

Julianne Moore interpreta a las hermanas Rose y Margaret, esposa y cuñada de Gardner. Una, en silla de ruedas tras un accidente automovilístico y madre abnegada; otra, enamorada secretamente del esposo de su buena y perfecta hermana. Entre ellos tres se teje una red de culpas y mentiras que parece estallar luego de que la mafia entre una noche a la casa a recolectar el dinero prestado. Y en la casa al frente de ellos se vive un caos por los nuevos vecinos, un matrimonio con un hijo que solo buscan un pedazo del sueño americano, aunque su color parezca un impedimento para lograrlo según los demás residentes del lugar.

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Sin embargo, el verdadero protagonista del relato es Nicky, el pequeño hijo de Gardner. Es aquel que, por la instrucción de su madre, decide invitar a jugar al nuevo niño del barrio, Andy, sin importarle su color. Se hacen amigos y se apoyan mutuamente. Entre ellos surge una amistad sostenida en el reconocimiento y el respeto. Andy es testigo de los cambios de su familia, al igual que de la estrategia de los residentes de Suburbicon para desalojar a la familia de Andy: comienzan a cantar día y noche fuera de la casa, haciendo un ruido que imposibilite una vida normal y tranquila. Planean perturbar la rutina de la casa, sin saber que la violencia rápidamente también puede convertirse en una.

Suburbicon es un largometraje que habla del miedo a la diferencia y cómo el ideal de muros y rejas parece ser la respuesta para aislar a aquello que no se comprende del todo, sin tomar en cuenta que verdaderamente el conflicto está en el hogar. La violencia reside en una sociedad que se aferra a creer que existe solo un estilo de vida correcto, uno que puede comprarse y que se sustenta mayormente en el sentimiento de superioridad sobre un territorio. La comunidad estadounidense no parece crearse a partir de la convivencia de un grupo de individuos, sino más bien sobre la propiedad de pedazos de tierra y grandes casas con patio. Es el individualismo el problema, una lucha de egos y poder donde las apariencias esconden una vida privada fracturada.

SUBURBICON

El film cuenta con un tercer acto explosivo y en el cual la tesis termina por afirmarse. A través del caos, George Clooney parece decir que quizás la única salvación que les queda son los niños. Lejos de antiguos rencores y de historias de vaqueros y esclavos, son las nuevas generaciones las encargadas de por fin derribar los muros y limpiar el polvo que asfixia a los adultos en un hogar que debería ser de tránsito. Porque la verdadera comunidad es heterogénea y se crea por la unión de individuos con ideales y sueños compartidos. En eso no hay color que importe. Tanto en 1959 como en 2017, la sociedad norteamericana sigue creyendo en el estereotipo de familia, de hogar y patriotismo. Suburbicon deja planteada la posibilidad de un nuevo comienzo; sin embargo, viejos paradigmas deben perecer. Y que la unión, esa basada en el reconocimiento y el respeto, se convierta en la fuerza de cambio.

buena

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