Cars 3

McQueen es joven, impetuoso y soberbio. Cree que no necesita nada más que su talento natural para ganar las carreras, desconfiando de la fortaleza del trabajo en equipo y de la sabiduría de los corredores más expertos. Perdido en un pueblo venido a menos por la construcción de una moderna carretera (la cual atraviesa directamente el desértico paisaje, al contrario de la antigua que lo rodeaba), Rayo descubre que la rapidez surge no solo de los motores físicos, sino que también de los emocionales. La modernidad no es el olvido del pasado; las enseñanzas son una mochila lista para hacer a los jóvenes, impetuosos y soberbios un poco más sabios. Con esta premisa, la primera entrega de Cars utilizaba a los autos de carrera como una notable metáfora sobre el pasado, presente y futuro (aunque el merchandising terminó sobresaliendo más que el mensaje). En Cars 3, donde olvidaremos que alguna vez se les ocurrió hacer la nefasta Cars 2, Rayo ya no es tan joven ni rápido como antaño y ve como todos sus amigos comienzan a pensar en el retiro. Con ganas de renovarse, McQueen debe volver a entrenarse en un mundo tecnológico donde ya sus viejos motores no parecen tener cabida.

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Sorprendido por una nueva generación de corredores ultra rápidos con Jackson Storm a la cabeza, el legendario “El Rayo” McQueen repentinamente se encuentra dejado de lado en el deporte que adora. Para volver al ruedo necesitará la ayuda de Cruz Ramírez, una vigorosa joven técnica de carreras que tiene su propio plan para ganar, además de la inspiración del fabuloso difunto Hudson Hornet. Demostrar que el #95 aún no está terminado pondrá a prueba el corazón del campeón, en el más grande escenario de la Copa Pistón.

Pocos momentos de comedia física (esa que tantas carcajadas saca en los niños) tiene Cars 3, lo que deja de manifiesto que el público al que apela es ese que siguió a Rayo desde la primera entrega en 2006 y que ya es adulto. Lo que nos muestra es un héroe que ve amenazado su futuro en las carreras por los novatos, quienes cuentan con tecnología de punta difícil de vencer solo con agallas y antiguas glorias. A McQueen le sugieren el retiro, el dedicarse a vender todo tipo de productos con su imagen y disfrutar de los frutos cosechados. Pero él, al igual que su mentor Hudson Hornet, ama la velocidad por sobre todas las cosas y no cree estar listo para dejar el deporte que define su identidad. Así que todo se concentra en una última carrera: debe entrenar lo más duro posible para poder ganar o, por el contrario, deberá aceptar el paso de los años y jubilarse de la acción de las pistas.

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Es aquí donde entra uno de los mejores personajes que ha entregado esta saga (sí, y no es Mate): Cruz Ramírez. Como un viento fresco que demuestra que el debutante director Brian Fee comprende la importancia del discurso de género en las películas infantiles, Cars 3 nos entrega un secundario femenino que poco a poco no solo se gana el corazón del espectador, sino que también la atención del guión y que termina en el podio de protagonista junto al icónico Rayo. Cruz se dedica a entrenar jóvenes promesas de las carreras, con métodos que incluyen la utilización de tecnología y una buena dosis de psicología. Sin embargo, lo que ella anhela es estar sobre las pistas, compitiendo en un mundo mayoritariamente masculino. Le falta confianza y, por qué no, un poco de lo mismo que Hudson Hornet le enseñara a Rayo años atrás: que la mejor técnica se consigue en terrenos difíciles y que la velocidad se lleva en la actitud y no en las ruedas.

Ramírez respeta a McQueen y su trayectoria. Él tiene incontables trofeos de sus victorias, ella aún busca ganarle a sus inseguridades y miedos. Ambos parecen ser opuestos, aunque perfectos complementos cuando se trata del sueño de correr a toda velocidad y conquistar la meta. Cruz representa a la nueva generación, esa llena de actualizaciones virtuales y muy poca realidad. Una que busca el triunfo inmediato y cuya tolerancia al fracaso es mínima. McQueen es ahora de la vieja escuela: él solo conoce de esfuerzo, entrenamiento y del honor y aprendizaje tras las derrotas. Rayo teme ser olvidado, tal como le pasara a su mentor tras el accidente; Cruz quiere resaltar por grandes hazañas y ser protagonista de su propio destino no como entrenadora, sino que como corredora.

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Jackson Storm no es realmente la amenaza que debe enfrentar McQueen en esta nueva entrega, sino más bien lo que el novato significa para un Rayo ya no tan rápido y certero como antes. Con un tremendo y apasionante tercer acto, Cars 3 nos recuerda el por qué Pixar no es tan solo una fábrica de merchandising, sino también de sueños, identificación y emociones. Mucho más adulta (pero aún así infalible para los más pequeños) y madura en su premisa, el film nos recuerda que todos hemos sido principiantes y mentores alguna vez. Que a veces evolucionar no significa dejar ir y que somos el resultado de un legado de ancestros, a los cuales cargamos en cada decisión que nos define. El gran Hudson Hornet fue inmensamente libre cuando corría a toda velocidad en la pista, pero la verdadera felicidad la encontró al conocer y entrenar a McQueen. Eso busca Rayo en Cars 3: ser libre, feliz y pleno en una carrera donde a veces se gana sin cruzar la meta.

buena

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