Colossal

Una mujer lidia con los dilemas de la adultez, el alcoholismo, la independencia y la baja autoestima. Llena de demonios internos que amenazan con destruirla, viaja a su pueblo natal como última opción para sobrevivir a la crisis que la hunde en fiestas y bares. Con esta premisa, el director español Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes, Extraterrestre) explora las problemáticas de su muy bien construida protagonista a través del género más impensado: el kaiju. Mezclando momentos de comedia, drama y peleas de monstruos gigantes, Colossal es una historia de frustraciones, liberación y por sobre todo, de empoderamiento femenino.

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Luego de perder su trabajo y ser echada por su novio de su departamento, Gloria (Anne Hathaway) dejará su vida en New York y volverá a su pueblo natal. Cuando en las noticias aparecen reportes de una gigantesca criatura que está destruyendo Seúl, Corea, Gloria se dará cuenta gradualmente que ella misma está conectada de alguna manera con ese fenómeno lejano. Mientras los hechos se van saliendo de control, Gloria deberá determinar por qué su aparentemente insignificante existencia tiene efectos tan colosales en el destino de la Tierra.

Esta película engaña constantemente al espectador con el tono de su guión. Lo que comienza como una simple comedia ligera, se transforma en una pelea interna muy bien resuelta gracias al monstruo gigante de Gloria y al tremendo trabajo de Jason Sudeikis como Óscar, personaje que evoluciona con el relato para así ganar potencia y profundidad. La protagonista se enfrenta no solo al destructivo monstruo gigante que desata cada cierto tiempo en Seúl, sino que también a los fantasmas de su inseguridad y a una contraparte masculina que representa todo lo que ella odia de sí misma y que la ata a una rutina de constante autodestrucción durante las noches. Óscar posee un bar y ella tiene claros problemas para disfrutar de la vida sin una cerveza en la mano. No puede controlarse, aunque sabe que con ello no avanzará mucho en su vida social, sentimental y laboral. Cree ser dependiente de su pareja, sin ser consciente de su valía y de la serenidad de los momentos en soledad. Teme que volver a la casa de infancia sea sinónimo de retroceso y vergüenza, sin saber que jamás ha salido de la pequeña ciudad por completo. Gloria vive a medias, intentando disfrazar al monstruo que la devora con el alcohol.

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El problema con los monstruos gigantes es que poco pueden controlar sus movimientos e impulsos, incapaces de mirar a sus pies para ver con claridad los daños causados. Son torpes y lentos, pero capaces de arrasar con todo a su paso cuando se lo proponen. Gloria inconscientemente ha sido así toda su vida, hasta que desarrolla su empatía por los ciudadanos coreanos y el desastre que está ocasionando. Sin embargo, la anagnórisis más importante se la brinda Óscar de un solo golpe, el mismo personaje que parece a simple vista solo un objeto amoroso de la protagonista y el buen samaritano del relato. Óscar quiere a Gloria solo para él, pero la quiere frágil, perdida y dependiente. Se empecina en llenar los vacíos de ella con banalidades y muchos tragos. Gloria es un kaiju colosal que aparece a cierta hora puntualmente; él, un robot gigante dispuesto no solo a destruir Seúl con tal de poseerla, sino que también anular sus lazos afectivos y su capacidad de decisión.

Colossal es un largometraje inteligente, dueño de un ritmo que hace fluir la historia entre giros de guión y donde la premisa fantástica del kaiju se vende rápido al espectador. Construida bajo precisos y bien desarrollados personajes (los tic de Gloria, el cambio de Óscar, el amigo del bar que solo está disponible para festejar en las noches y el novio con rol de padre que poco busca comprender y ayudar), la película logra utilizar un género para contar el drama de una mujer y sus problemas con la adultez. Divertida y desconcertante a momentos, Colossal lo da todo en su arco final y sale victoriosa. Con una muy buena línea de cierre, lo dirigido por Vigalondo es un aire fresco en una cartelera saturada por fantasía que tiene muy poco para decir. Mención aparte merece la interpretación de Anne Hathaway, quien sostiene el relato gracias a su versatilidad en los matices y a una construcción del protagónico que abarca no solo lo emocional, sino que también lo físico (como los pequeños gestos de arreglar su pelo o rascarse la cabeza).

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Gloria duerme en cualquier lugar en las mañanas luego de llegar de una fiesta. Siempre contracturada, es incapaz de tener una buena noche de sueño debido a la rutina de excesos a la que está acostumbrada. Puede comprar colchones inflables, tener sillones cómodos, pero lo único que puede reparar su dolor de cuello y espalda es dejar el alcohol. Es quererse un poco más a sí misma, para que así los otros también puedan quererla de la misma forma. Eso es Colossal: el enfrentamiento de 2 titanes que solo viven en el interior de su protagonista. Acá todo es ilusión, no se engañen. El coloso que asola a Seúl vive en las inseguridades y miedos de cada uno de nosotros. Gloria tiene una fantástica historia de sobrevivencia para contar. Una de ex novios, fracasos juveniles, alcohol, desempleo y, por qué no, de rayos y monstruos gigantes.

buena

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