Niñas Araña

Con un Santiago de altos edificios y grandes desigualdades de fondo, Avi, Cindy y Estefany corren en vano tratando de alejarse de un destino de pobreza que parece atado a sus pies y que les restringe mayores perspectivas de futuro. Con solo 13 años se sienten limitadas y buscan desesperadamente tener aquello que el sector más acomodado de la ciudad parece poseer con facilidad. Para eso trepan balcones, entran a casas vacías y roban cosas, como si con ello también pudieran arrebatarle a familias desconocidas un poco de la felicidad que los bienes materiales parecen brindar. Dirigida por Guillermo Helo, Niñas Araña es un film comprensivo con su trío protagonista, logrando generar una conexión entre el espectador y el destino de las adolescentes. De ágil ritmo, la película no solo da una contundente crítica a la sociedad chilena (la diferencia abismal entre ricos y pobres, el consumismo, el éxito económico y la fama como sinónimo de plenitud), sino que también humaniza el drama de 3 niñas que buscan llenar vacíos emocionales con la adrenalina de, por tan solo un momento, vivir cómodamente en un departamento donde claramente se ve el horizonte desde el balcón.

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Avi, Cindy y Estefany, todas de 13 años, son tres jóvenes que viven en una toma ilegal de terrenos. Conforman una “banda” acostumbrada a robos pequeños, en los que consiguen cosas para ellas como revistas y dulces. Sin embargo, un día deciden ir más allá y comienzan a robar departamentos, usando su buena apariencia para engañar al conserje y luego escalando balcones para entrar a las viviendas vacías. Una vez dentro, además de robar cosas pequeñas, disfrutan del lugar como si ellas vivieran ahí, cuestionando su realidad contra la realidad de esos hogares, mientras arriesgan sus vidas en cada intento.

Avi (Michelle Mella) es la rubia de la toma, una muchacha a la que siempre le sacan en cara su desconocido padre y que debe aguantar los múltiples novios de su madre desempleada. Siempre al borde de ser expulsada de su hogar por no pagar las cuotas del terreno, lo único que desea es alejarse de la normalidad de su realidad, donde abunda el esfuerzo y muy pocas gratificaciones. Estefany (Javiera Orellana) tiene el estilo y varios enamorados. Es ruda, porque sabe que de otra forma no podría sobrevivir a su entorno. Cindy (Dominique Silva) está embarazada y quiere para su hijo un futuro mejor que al que puede optar ella. Entre las tres leen revistas de moda, donde la apariencia y los lujos parecen ser los determinantes para construir identidad y un modelo de felicidad. Las muchachas tienen carencias no solo materiales, sino que también afectivas. Se sienten solas frente a un mundo que no las comprende y que ellas tampoco pueden entender. Como amigas, son una familia. Juntas son poderosas, soñadoras, invencibles. Por separado, la realidad las aplasta en todo momento.

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Querer ser parte de algo, de un futuro prometedor, combatir la soledad y las tristezas traspasando las normas de la sociedad. Las niñas juegan a colgarse de balcones, a llevarse pequeños recuerdos de sus infracciones. Es un grito desesperado por atención, por satisfacer cánones superficiales que ellas no pueden alcanzar. Con una cámara protagonista que las sigue como otro integrante del grupo y que se inmiscuye en su intimidad y sentimientos tanto en primeros planos como en bellos generales (como aquel que enmarca a las adolescentes en la azotea de un edificio, con un cielo infinito detrás de ellas), Niñas Araña es un retrato no solo de las aspiraciones adolescentes, sino que también de un Santiago en altura, donde la competencia de los edificios para ver cuál tiene más pisos parece una lucha por adueñarse del paisaje, del horizonte y los atardeceres.

Una de las niñas nota que su casa no se ve desde la azotea, tapada entre tantos complejos de departamentos. Ellas viven en una toma olvidada por Dios, porque si él ve desde la altura, lo primero que nota es a los residentes del barrio alto y sus grandes edificios. Con una mirada exenta de juicios hacia el actuar de las muchachas, el director invita al espectador a un viaje sobre el fin de la niñez, la rebeldía, el amor de familia (aquella no solo compuesta por los padres) y el comienzo de esa adultez donde el dinero, la casa propia y el trabajo se vuelven el eje fundamental. Las protagonistas viven un sueño dentro de cada departamento invadido, mismos que parecen evaporarse cuando llegan a sus propias casas y cada decisión tomada es fundamental para construir tanto un mejor presente como futuro. Con grandes actuaciones de Michelle, Javiera y Dominique (quienes aportan frescura y honestidad a sus personajes), el largometraje triunfa en construir un relato cercano, inquietante, capaz de no dejar a nadie indiferente ante su premisa. Tremendos además están Francisca Gavilán, Patricio Contreras, Pablo Schwarz y Pablo Macaya, quienes aportan experiencia y solidez a un guión donde todos los diálogos construyen el fluir del relato y donde la tesis se expone entre líneas, permitiendo al espectador reflexionar en la oscuridad de la sala de cine.

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Avi recuerda los típicos “monitos” que uno veía cuando pequeño. Le perturba el hecho de que los personajes cuando corren, siempre lo hacen con un fondo que se repite una y otra vez. Eso es Niñas Araña. Es una aventura, un último grito de niñas que quieren escapar del molde, de subir el escalón, de dejar atrás las penurias de la precariedad. Entre fantasías, la realidad se asoma para sofocarlas dentro de una libertad que no les da muchas opciones para realizarse, para encontrar su oasis, su propio canon de felicidad.

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