Una mujer fantástica

En una ciudad de espejos, Marina se refleja por las calles de Santiago. En ella se concentran los rostros de mujeres brillantes, soñadoras, poderosas. Marina es una y mil a la vez, fluyendo tranquila por una vida que ella escogió. Valiente, puede llegar a ser furiosa como una catarata. Porque ella conoce el precipicio antes de la caída y la fuerza transformadora que hay en el final. Marina es mujer y, por sobre todo, es una excepcional. Siguiendo a esa potente protagonista, Sebastián Lelio (Gloria, El año del tigre) realiza un retrato profundo y brutal no solo de la figura femenina, sino que también del proceso del duelo, del amor y la aceptación. Una mujer fantástica es un lírico viaje por los laberintos de la identidad y por la lucha que se vive a diario contra un mundo que parece ser opresivamente enorme para un solo individuo.

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Marina (Daniela Vega) es una joven mesera y aspirante a cantante. Orlando (Francisco Reyes), 20 años mayor que ella, es dueño de una imprenta. Marina y Orlando están enamorados y planean un futuro juntos. Luego que Orlando muere repentinamente, Marina se ve obligada a enfrentar a su familia, a la sociedad y a luchar nuevamente para demostrarles lo que ella es: compleja, fuerte, honesta y fantástica.

Marina busca refugio de afectos inconclusos. Sin embargo, Orlando parece ser la guarida perfecta para ser plenamente quien quiere ser, sin juicios ni miradas de reojo. El amor es una torbellino que construye, pero también está listo para devastar cuando se aleja con la misma potencia con la que llegó. Marina vive el duelo no solo por perder al ser amado, sino además se enfrenta a sus propios temores e inseguridades al verse envuelta en un mundo conservador incapaz de verla más allá de su realidad de transgénero. “Pienso que en esto hay pura perversión nomás”, le dice la ex esposa de Orlando a Marina, prohibiéndole ir al funeral de su pareja para despedirse una última vez. Todos parecen tener una opinión sobre la vida íntima de la protagonista y no dudan en compartirla a viva voz. Sin embargo, Marina grita más fuerte. Y lo hace a través de sus clases de canto y las presentaciones que tiene en el bar de la capital.

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Sebastián Lelio construye un relato visceral lleno de dolor, rabia y transformación. Delante de la cámara no solo emerge una potente y luchadora imagen femenina, sino que muestra ese Santiago Centro de edificaciones e interiores luminosos, muchas veces majestuosos, cuyas calles se vuelven opacas solo por los individuos que la habitan. Daniela Vega es arrolladora en su interpretación, desnudando a la protagonista con pequeños gestos y potentes miradas. Marina sufre humillaciones de los parientes de su pareja, de su propia familia y hasta de la fuerza policial. Todos parecen dudar de su capacidad de amar, hasta ella misma a momentos cuando se trata de abrazar las dificultades en el camino de construcción de identidad.

Con una anécdota sencilla a primera vista, el director plantea un viaje del héroe donde el personaje principal debe bajar hasta lo más profundo de sí misma y de la ciudad (mostrado en el sauna que frecuentaba Orlando en pleno Centro) para luego emerger cristalina y maravillosa como el agua. Llena de pequeños grandes momentos de guión que se construyen gracias a implantaciones (la búsqueda del perro, la llave del casillero y su pasión por el canto), Marina se rehace una y otra vez ante los ojos del espectador con esas imperfecciones que la hacen perfecta.

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Una mujer fantástica es una historia de amor sobrecogedora, que sumerge al espectador en la intimidad femenina y su constante lucha por hacerse valer en una sociedad llena de prejuicios y verdades a medias. Es un manifiesto de poder, de liberación, de decirle al mundo que puede irse al carajo, porque ni Marina ni otras mujeres necesitan de su aprobación para ser plenas y felices. Acá hay una rebelión por los afectos y por las elecciones que nos forjan como seres únicos y valiosos. Con una épica escena final, Marina y el film se arman de valor para despojarse del opresivo blanco y negro que propone la sociedad chilena. Acá hay brillo, luz y espectacularidad. Sin nunca encasillarse en las normas rígidas de un género, Una mujer fantástica encanta de principio a fin gracias a su sólido casting y guión. Como una luchadora absolutamente excepcional, Marina pega unos cuantos golpes antes de salir a la calle a batallar su día a día. Orgullosa y lista para salir victoriosa, al igual que el largometraje.

buena

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