Manchester junto al mar

La ciudad bajo una tormenta de nieve. Entre las frías temperaturas, un hombre arregla los problemas caseros de los habitantes de un edificio. Siguiendo su rutina diaria de quitar la nieve, recibe un llamado que le anuncia de su hermano hospitalizado. De esta forma, abandona su cuidado ciclo para ir a Manchester, con la esperanza de ver a su hermano por última vez. Sin embargo, los comienzos y finales de la vida son implacables. Con esta premisa, Manchester junto al mar es una película desgarradora, que se sufre de principio a fin con el mismo dolor con que uno se enfrenta a los pequeños dramas de la vida cotidiana. Con actuaciones sobresalientes, el film se eleva como una joya gracias a un cuidado guión y una puesta en escena naturalista, que permite que los personajes crezcan y den a conocer su intimidad lentamente frente a los ojos del espectador.

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El film es un drama que sigue la historia de Lee Chandler (Casey Affleck), un conserje que se ve obligado a regresar de Boston a su pequeño pueblo natal, tras enterarse de que su hermano ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino de 16 años, del que tendrá que hacerse cargo, mientras que al mismo tiempo Chandler se siente destrozado interiormente debido a una tragedia del pasado que no ha podido superar.

Dirigida y escrita por Kenneth Lonergan (Margaret, Puedes contar conmigo), el largometraje muestra las rutinas mínimas que componen la vida de cada individuo. Muchas veces queremos escapar de ellas, pero cuando ya no están intentamos recobrarlas con desesperación, hasta adaptarnos y crear una nueva. Y así se pasa el tiempo, entre inicios y términos, entre la vida y la muerte de ciclos y afectos. Sin embargo, Lee no es como el resto. Obstinado a quedarse en el medio, flota a la deriva como el bote de su hermano, marcado por una pérdida que le impide volver a empezar. Pocos momentos de catarsis hay en el protagonista, pues parece haber perdido su capacidad de asombro, al ya haber tocado el umbral del dolor más elemental, ese que va más allá de las lágrimas y que parece no tener explicación. Como el motor del bote a punto de fallar o el corazón débil de su hermano, Lee no busca reparar las piezas destruidas de las que se componen sus emociones. El fuego lo ha arrasado todo, más allá de lo que la nieve puede reconstruir. Bajo ese inmenso y frío lienzo blanco, Lee se aferra a viejas fotografías como una reminiscencia de ese amor puro y esencial que ya jamás volverá a sentir. El fuego volvió su interior terreno infértil.

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La cámara deja fluir el andar natural de los personajes, sin intentar inmiscuirse en su privacidad. Como un testigo respetuoso, les da espacio suficiente para que sean libres en planos generales, que luego se encadenan con menor tiempo de montaje con planos más cercanos. Acá se privilegia mucho más la acción por sobre el diálogo. De hecho, en los momentos más cruciales surge ese tartamudeo tan propio y humano, donde al final pareciera que no se dice nada, pero termina exponiéndose todo. Lo natural de la musicalización de la película también ayuda al fluir del relato, el cual se contrasta con la gran orquesta que surge cuando el protagonista recuerda el momento en que lo perdió todo, ese punto de no retorno que detuvo su vida para siempre en el invierno. La culpa, el amor, la memoria y el irremediable peso de la muerte se entrecruzan en la relación de tío y sobrino, una historia de dos hombres que se apoyan en el otro en el silencio más absoluto, en la tristeza de una pérdida y el temor de un nuevo comienzo.

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Lee escucha a todos cuando le cuentan sus problemas mientras arregla los desperfectos hogareños. En una de esas historias, un hombre narra la muerte de su padre,  quien un día se fue a navegar y jamás regresó. Lo impactante y fundamental de la anécdota es la simpleza al contar sobre el fin mismo: le dice que solo se murió, sin llamados de SOS o búsqueda desesperada. No hubo un final de película, ni violines que le acompañaran. Con esa seca y brutal verdad, Manchester junto al mar plantea el proceso del duelo del lado más naturalista y desgarrador. Una verdadera joya del cine contemporáneo. Y ojo con Casey Affleck, cuya actuación es simplemente magnífica y llena de matices con altos y bajos. Como la vida misma y sus rutinas.

buena

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Un comentario en “Manchester junto al mar

  1. Esta es de esas peliculas que a uno lo deja K.O. Me pego varias veces y donde duele.
    De repente la sorpresa sale por aca y se lleva el Oscar como Mejor Pelicula, aunque lo veo complicado…mas factible me resulta que sea Casey Affleck quien de el golpe (si, ando pegado con el concepto) y se adjudica el premio como Mejor Actor. Se lo merece

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