Florence Foster Jenkins

Florence Foster Jenkins es una mujer adinerada que podría tenerlo todo en la vida, excepto el talento para destacar en lo que le apasiona: el canto. Lo dirigido por Stephen Frears (PhilomenaAlta fidelidad), es una cándida historia sobre el amor más puro, ese sentimiento que no solo une personas, sino que también define nuestra pasión y entrega al momento de enfrentarnos a la vida y sus sueños. Con tremendas actuaciones de sus protagonistas (nada queda por decir de la maestra Meryl Streep, que podría brindar emoción hasta al interpretar a un objeto), Florence Foster Jenkins es un relato que se disfruta de principio a fin y que muestra que la vida es hermosa cuando se vive a plenitud y sin reglas que la definan.

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El film narra la historia real de Florence Foster Jenkins (Meryl Streep), una mujer que, al heredar la fortuna de su padre, pudo cumplir su sueño de estudiar para ser soprano. El problema era que carecía de talento, aunque aún así la gente acudía a sus recitales para comprobar si de verdad era tan mala cantante como decían los críticos. Su compañero, St Clair Bayfield (Hugh Grant), un aristócrata inglés, intenta proteger a su amada Florence de la verdad, pero él se enfrentará a su mayor desafío cuando Florence decide hacer una presentación en el Carnegie Hall.

Florence Foster Jenkins destila encanto y es dulce al momento de presentarnos a su protagonista. Aunque podría ser un personaje detestable (es una mujer rica que cree poder comprarlo todo, hasta el talento y las críticas positivas), el guión sitúa el relato en la perspectiva más humana de Florence, mostrándonos de a poco (ritmo que se agradece y que vuelve corta las casi 2 horas de metraje) a una soñadora que cree en el poder de la música y que disfruta el canto como si fuera una niña pequeña. Ese es el punto fuerte del largometraje: con risas agridulces, uno se compromete con los personajes hasta el final, sumergiendo al espectador en un viaje lleno de valentía y amor en su forma más pura y sencilla. Florence es una gozadora de la vida, porque conoce de cerca el miedo a su finitud.

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Siempre recargada y desafinada, Florence entretiene a sus invitados y cree fervientemente en la música como un medio para curar tanto el cuerpo como el espíritu. Es su arma contra la adversidad, algo que se destaca en varias ocasiones a lo largo de la película. Meryl Streep se adueña del personaje, elevándola a un ser lleno de matices y del cual es fácil identificarse. Logrando tanto la clave de comedia como a la del drama (una completa diva actoral contemporánea, quizás la única), Streep convierte a Florence Foster Jenkins en una pequeña joya que no hay que subestimar. Eso sí, el que verdaderamente sorprende aquí es Hugh Grant, gracias a una sólida actuación hecha para hacer sobresalir a su compañera, con la cual desbordan química en cada encuadre.

Compuesta de emotivas secuencias (como cuando Bayfield le recita a Florence antes de dormir) y de escenas hilarantes por su incomodidad (excelente son las expresiones de Simon Helberg como Cosmé McMoon al tocar el piano, sobre todo en el momento de la primera clase de canto de la protagonista), Florence Foster Jenkins triunfa por su simpleza al momento de llevar una biografía a la pantalla grande: aquí hay una celebridad de la época, pero es mostrada solo como una simple mujer con un gran sueño por cumplir. Es la vida misma lo que se escapa en cada encuadre, en cada posición de cámara. Todo está dispuesto para que Florence brille por su tridimensionalidad y honestas intensiones en la pantalla grande, comprometiéndonos con su cruzada y conociéndola tan bien como si se tratase de una amiga querida a la que queremos ver triunfar y que nos conmueve en cada uno de sus tropiezos.

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Florence Foster Jenkins es una historia sencilla, muy humana, que brilla en varios momentos gracias a las interpretaciones de sus protagonistas. Con un cuidado guión y una puesta en escena realizada para hacer lucir al universo de personajes, el film está enfocado para que la anécdota esté al servicio de su protagonista y no sea devorada por ella. En un tono ligero, Stephen Frears nos conduce por la vida de una mujer que, si bien no era una gran cantante, por lo menos se atrevió a intentarlo y no se rindió en sus anhelos. Para reír y emocionarse con la misma intensidad.

buena

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