Si han de parpadear, háganlo ahora

Perquenco es una comuna localizada a 46 kilómetros de Temuco, en la Región de la Araucanía, un pequeño lugar compuesto por varias cuadras que se recorren rápidamente. Todo queda cerca: la plaza, Municipalidad, estación de buses y trenes y el Liceo Isabel Poblete Vargas C-45, uno de los dos establecimientos educacionales del lugar. Allí asisten estudiantes que viven en el campo, Lonquimay, Galvarino o en comunidades mapuches lejanas, por lo que su recorrido diario para asistir al liceo puede llegar a ser de una hora y media. Todo pareciera quedar distante de Perquenco. Hasta la experiencia del cine.

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Liceo Isabel Poblete Vargas C-45 de Perquenco

Es una mañana fría de septiembre en Temuco. El comercio de la ciudad empieza a despertar lentamente. Francisca, Danitza, Cristian, Valentina, Yasmín, Fabián, Jorge, Javier y Jhon, alumnos de séptimo básico del Liceo Isabel Poblete Vargas C-45, entran al complejo de Cine Hoyts con el fin de vivir por primera vez la oportunidad de ver una película en sala de cine.

Llegan al centro de Temuco gracias a un transporte brindado por la Municipalidad, la misma que los ayuda a realizar el trayecto habitual de la casa al colegio. Risueños y con energía, a pesar de ser solo las 10 de la mañana, los chicos entran a una sala que solo ha abierto sus puertas para brindarles una función especial a ellos.

“Si han de parpadear, háganlo ahora. Pongan atención a todo lo que vean, no importa lo raro que parezca. Si pierden la atención, aunque sea por un instante, nuestro héroe seguramente perecerá”, advierte el protagonista en el inicio de Kubo y la leyenda samurái, largometraje animado de la productora Laika, que los niños ven atentamente. Con algunas exclamaciones durante el visionado, el grupo sigue la aventura de Kubo, un inteligente y bondadoso chico que se gana la vida como puede, contando historias tan maravillosas como fantásticas a los habitantes de un pueblecito costero. Pero su tranquila existencia cambia de golpe cuando, accidentalmente, llama a un espíritu mítico que regresa de los cielos, decidido a llevar a cabo una venganza milenaria.

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Los estudiantes en el Cine Hoyts Temuco

Realizada en la técnica de stop motion o animación cuadro a cuadro, el film acerca a los niños temáticas como la muerte, el peso de los ancestros y el proceso de autoconocimiento que aflora en el límite decisivo que es el paso de la niñez a la adolescencia. En poco más de hora y media de duración, los estudiantes se ven transportados a un mundo de samuráis, origamis y códigos de honor de una cultura que puede llegar a parecer lejana a primera vista, pero que refleja la universalidad de las problemáticas que acosan a los niños.

Al salir de la sala de cine, todos los alumnos coinciden en su gusto por el film, excepto por uno: John hubiese preferido algo del género de terror. Y es así como de a poco se comienzan a conocer las individualidades de cada uno. John es alto, silencioso, de frases cortas pero asertivas. Siempre distante un poco de sus compañeros, es el único que en un momento durante el visionado sale de la sala por un rato.

El cine debiese ser una experiencia de disfrute, pero también una instancia que lleve a la reflexión y permita a los espectadores desarrollar un pensamiento crítico sobre el contenido ofrecido. Con eso en mente, la propuesta de llevar a estos niños a ver Kubo y la leyenda samurái en pantalla grande y sonido envolvente, no solo se limita a 90 minutos de metraje, sino que además se plantea una actividad para el día posterior, donde los chicos podrán hablar sobre la película y realizar un pequeño taller de stop motion con figuras de plasticina.

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A la salida de la proyección junto a 2 profesoras

En Perquenco las mañanas son frías, pero hacia el mediodía el sol comienza a anunciar el tímido inicio de la primavera. Es miércoles, el día siguiente de la salida al cine, y nos acomodamos en la biblioteca para realizar el taller. Los niños se dividen en dos grupos: mientras uno está utilizando la cámara fotográfica haciendo un nanometraje en stop motion, el otro conversa sobre la película y su vida en la comuna.

Me cuentan sobre las últimas películas que han visto: Cristian ha disfrutado de toda la saga de La Era del Hielo, mientras que Yasmín encontró triste Cómo entrenar a tu dragón 2. “Nos hacen sufrir desde chiquititos con la muerte de los personajes. Siempre nos hacen sufrir”, comenta Francisca. Sin embargo, llegamos a un consenso sobre la importancia de que el cine infantil no subestime a su público objetivo. Es necesario que no existan temas tabú en la animación.

Kubo y la leyenda samurái los entretuvo, pero por sobre todo logró que los chicos se vieran identificados con el protagonista del relato. “Un niño como nosotros logró vencer a su abuelo y a todos. Y también, después de la pérdida de sus padres, logró seguir adelante”. Mientras realizan figuras de plasticina para luego darles vida cuadro a cuadro, los niños analizan el film: el abuelo es el villano de la historia “porque igual en nuestro caso es el papá a veces el malo. Porque es el padre de la familia y como que la familia es algo unido. Y al ser el villano, el personaje sufre como un colapso, ya que siente que su familia está en contra de él. Y siente más debilidad, menos fuerza, ya que dice: cómo mi familia me va a estar persiguiendo”. Sobre el significado del título original del film (Kubo y las dos cuerdas), ellos agregan que “las cuerdas de la guitarra eran la memoria” y que el shamisen “tenía 3 cuerdas: representan la madre, el padre y él. Como la familia”. Sobre la importancia del origami (arte que se realiza sin tijeras y que siempre, al finalizar, puede desdoblarse para crear nuevos comienzos), analizan que “la madre también hacía origami. Ella lo soñaba y lo creaba. Él también lo podía hacer. Al tocar las cuerdas, él podía crear su propia historia”.

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Grabando su nanometraje de stop motion con plasticina

Comemos pie de limón y Cristian me recomienda 2 animé que le gustaron en el último tiempo: Shingeki no Kyojin y Parásito. Son niños ávidos de nuevas historias, las cuales parecen no encontrar en la televisión nacional. El mismo Cristian reconoce que de tv solo mira reportajes de animales y partidos de fútbol. Yasmín solo sigue las series del canal AXN, como Criminología Naval y Mentes Criminales. Prefieren las películas. “Me gusta mucho el cine, todo el arte. Porque lo encuentro bonito, porque juega con los efectos, la música, todo eso. Con mi papá siempre hemos tenido eso. Él y yo hemos visto hartas películas, desde pequeña. Me gusta también el arte. Ahora estoy aprendiendo a dibujar con mi hermana y también, a fin de año para mi cumpleaños, le pedí a mi papá una cámara para sacar fotografías. Me gusta la fotografía”, confiesa Yasmín. Sobre sus películas favoritas, Francisca responde sin dudar “ParaNorman. Me gusta el sentimiento que produce. Al que a él le hagan bullying, por lo menos a mí, me hace sentir identificada”.

Cristian moldea una chinita, Francisca hace un árbol y Valentina intenta que su bailarina de plasticina logre quedarse de pie. Entre risas, cuenta una anécdota sucedida ayer cuando se bajaron del bus en Temuco e iban camino al cine: Cristian se había perdido unos momentos, pues había seguido a una persona que creyó era la profesora. Él se defiende diciendo que las espaldas eran parecidas y se enfoca nuevamente en la chinita. Las niñas ríen. En este grupo, Cristian es el único hombre y parece conocer bien su desventaja. Todas las chicas son cómplices de la broma.

Les pregunto por si tienen alguna predilección de carrera para el futuro. Segura, Yasmín contesta que desea ser arquitecta. “Me encanta crear cosas y reúne el arte y lo que me gusta: las matemáticas”. Danitza quiere ser gendarme, a lo que Cristian responde que “ganan plata los cochinos”. Valentina quiere ser carabinera, porque su hermana hizo el Servicio Militar y desea hacer lo mismo. Francisca es tajante: “No lo he pensado. O sea, me viene y me va. No tengo ninguna cosa que me guste ni que no me guste. Yo simplemente si llegan las cosas… bueno, llegan. Eso es lo que pienso”.

Sobre su vida escolar en Perquenco, me cuentan sobre los talleres que tienen, como teatro, banda, origami, robótica, guitarra clásica y deportes. Esas actividades permiten unir a los varios séptimos del liceo, los cuales no se llevan muy bien unos con otros. Tienen muchas rivalidades y eso lo atribuyen a lo reducido del pueblo. Además, me hablan de las oportunidades que tienen para participar en actividades fuera del colegio, donde recuerdan un poco sobre su celebración del 18 de septiembre, la cual consistió en carreras de chanchos, juegos criollos, ramadas y un desfile.

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Los niños observan el montaje de sus nanometrajes

Los grupos cambian y ahora converso con Jorge, Fabián, Javier y John. Los cuatro disfrutaron de la actividad de stop motion, asegurando que les gustaría practicar la técnica en su casa, y siguen entretenidos jugando con plasticina. De Kubo y la leyenda samurái hablamos de la figura del villano y cómo este quería de Kubo sus ojos “para que fuera como ellos, como su abuelo”. Finalmente, la victoria del protagonista es lograr que el abuelo deje el mundo de los dioses y se queda con él en el terrenal, recobrando la vista y observando el mundo a través del ojo faltante de Kubo, adquiriendo de esta forma su compasión por la Humanidad. Sobre la diferencia entre ver una película en sala de cine o en la casa, aclaran que “la pantalla es más grande” y que les gusta ver igual largometrajes por Youtube.

En este grupo, todos querían ver un film de terror el día anterior. Les gusta el gore y la acción. Me confiesan su predilección por figuras como Jackie Chan y Bruce Lee y por cintas como Rápido y Furioso, Karate Kid y Los Juegos del Hambre. Eso sí, me aclaran que “está bacán la película que vimos”, ya que “me gustó la historia que hicieron y cómo armaron los personajes”.

Analizamos el proceso de montaje y colocamos las fotografías que sacaron minutos antes, que en total sumaron 68. Con ello, realizan una animación de 2 o 3 segundos. Me comentan cómo quieren musicalizar el ejercicio, con una melodía similar a la de La pantera rosa. Comienzan de a poco a entender que el cine es un trabajo colectivo, donde cada pieza es fundamental para que el resultado final sea óptimo. Alaban el proceso y oficio detrás de la aventura de Kubo y los años que se tardó en realizar lo que ellos disfrutaron en hora y media.

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De izquierda a derecha: John, Javier, Jorge, Fabián, Yasmín, Valentina, Cristian, Danitza, Francisca

Al terminar los 2 nanometrajes, los niños escriben su opinión sobre la experiencia vivida. Yasmín afirma que quiere “hacer más vídeos con cuadro a cuadro”; Danitza que “me gustó mucho hacer monitos de plasticina y presentarlos, además de la oportunidad que me dieron para ir al cine”; Francisca escribe que “ir al cine y enseñarnos sobre cómo se hacen las animaciones me pareció una idea estupenda” y que “tal vez hasta elija Cine de carrera”; Fabián que “lo que me gustó es que la película me entretuvo y el salón era muy grande”; Javier comenta que “lo que hicimos acá en el Liceo fue muy bacán”; Jorge que “se ve bien en pantalla gigante y fue bacán también el viaje”; John, escuetamente, escribe que “el cine es grande y oscuro”; y Cristian finaliza afirmando que “fue muy divertido hacer el taller de stop motion, estuvo buena la película Kubo y es difícil hacer un cuadro a cuadro. Me encantó”.

Lo importante es que ellos no solo fueran por primera vez al cine, sino que desarrollaran un sentido crítico ante lo visto, dejando de lado la actitud de espectador pasivo. Los niños absorben los estímulos que le rodean, pero también tienen una actitud analítica ante temáticas tan cruciales como la familia, la muerte, el crecimiento y lo que aspiran para su futuro. Las películas pueden interpretarlos, pero también puede ser un incentivo para que ellos se atrevan a contar sus propias historias, llenas de dificultades, desenlaces y comienzos, en una aventura que, a sus 12 o 13 años, les parece vasta pero emocionante. Tal como la magia de la pantalla grande. “La sala de cine tiene más como ese sentido de: oh, por Dios, qué hermoso. Pero en la casa es como que: ah, sí, pongamos una película”.

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