Rara

El quiebre de un matrimonio, encontrar una nueva pareja y la posterior pelea por la custodia, son pequeños dramas que marcan hitos en la vida adulta. Sin embargo, Pepa San Martín se arriesga a darle un giro en el punto de vista a su ópera prima: Rara es un largometraje chileno que se sitúa sobre la mirada de los hijos, aquellos cuyos sentimientos y opiniones son los más ignorados en el momento de transición después de una separación.

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Que te gusten los chicos e igual encontrar que son estúpidos; ser súper cercana con tu mejor amiga y no contarle tus secretos; tener problemas en el colegio y unos papás lateros. Éste es el tipo de problemas que enfrenta una niña de 13 años. Para Sara (Julia Lübbert), eso no tiene nada que ver con el hecho de que su mamá viva con otra mujer, aunque su papá no piensa lo mismo.

Rara inicia con un perfecto plano secuencia, donde la cámara siempre está a la altura de Julia Lübbert (quien brinda una natural y sólida actuación), en una clara invitación para sumergir al espectador en el mundo de una niña en el umbral de la adolescencia. Se siente rara con su cuerpo, con sus compañeros del sexo opuesto y con las caricias de su padre. Sin embargo, para ella no es extraño que Paula (Mariana Loyola), su madre, viva con Lia (Agustina Muñoz) y sean pareja. Junto con Catalina (Emilia Ossandón, cuyo carisma se roba a momentos la película), su hermana pequeña, forman una familia que, aunque pasen por altos y bajos, es feliz. No obstante, Sara no sabe muy bien si hacer una fiesta para celebrar su cumpleaños: tiene miedo no solo de los prejuicios del resto ante su poco convencional hogar, sino que también de los propios. Siente culpa por la vergüenza que le provoca que la mamá del chico que le gusta conozca a Lia. Y, por sobre todo, siente culpa de que sus confusas emociones lleven a su padre a arrebatarle la normalidad de una familia liderada por la figura femenina.

Actresses from left to right: Julia Lübbert, Emilia Ossandón

El largometraje utiliza la cámara como un elemento narrativo más, la cual reafirma el protagonismo de las niñas por sobre los adultos cuando se trata del punto de vista. Los fuera de foco cumplen un rol expresivo, ya que siempre nos quedamos en el rostro de Sara por sobre lo que ocurre en el fondo. Esto mismo sucede con los encuadres: toda la puesta en escena está hecha para que las chicas queden bien en plano, sin importar cortar o dejar fuera al resto de los personajes.

El guión (de Pepa San Martín y Alicia Scherson) hace de los espacios entes significativos para reafirmar los sentimientos de Sara y Catalina y la postura de la directora ante la situación narrada. Las escenas en automóvil nos recuerdan que siempre se olvida a los pasajeros del asiento de atrás, como si todo girara en torno al piloto y copiloto. Poco importa la opinión de Sara sobre con quién desea vivir, pues los otros parecen ser los encargados de definir no solo el hogar físico, sino que también el emocional. De esta misma manera, el jardín parece ser un sitio de libertad, de celebración; por el contrario, los interiores son una concentración de peleas y sentimientos desmedidos.

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La adolescencia es incómoda no solo por los cambios físicos, sino porque también la visión del mundo está en constante contradicción. La sensación de no pertenencia se acentúa, como el gatito que Catalina encuentra en su patio y que ni su madre ni su madrastra aceptan en sus respectivas casas. Las dos niñas viven entre dos hogares con una muy distinta concepción de la familia, aunque a ambas las une el amor por cada uno de sus miembros. Porque Sara y Catalina poco conocen y les importa los parámetros que rigen la normalidad, ya que se tienen entre ellas para luchar contra los prejuicios y reglas del entorno. En esa cruzada, Sara se encuentra entre el punto de vista adulto de sus padres y el de su hermana, aquel inocente propio de la niñez. Porque aunque peleen entre ellas la mayor parte del tiempo por cosas insignificantes, son aliadas cuando se trata de enfrentar dificultades. Para Sara la adultez puede esperar: ella solo quiere un abrazo más de su familia de dos mamás.

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