El Buen Amigo Gigante

Roald Dahl es un famoso novelista y cuentista británico, quien creara la conocida y adaptada historia de Charlie y la fábrica de chocolate. En 1982 escribe uno de sus trabajos más celebrados dentro de la literatura infantil, The BFG, una cálida historia donde una niña pequeña descubre que lo importante es no renunciar a los sueños y ser valiente en la adversidad. El Buen Amigo Gigante, producida por Disney y dirigida por Steven Spielberg, es la adaptación fiel de aquel libro, un largometraje de casi 2 horas de duración donde falta alma y sobran efectos especiales.

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Sophie es una niña huérfana que se encuentra con el Buen Amigo Gigante quien, a pesar de su intimidante apariencia, resulta ser un tipo de buen corazón. El gigante es ignorado por los otros de su especie debido a que, a diferencia de ellos, se niega a comer niños. El Buen Amigo Gigante y Sophie idearán un plan para detener a los malvados gigantes y así salvar a los niños de Inglaterra.

Londres en la noche. Entre los oscuros callejones de la ciudad, se esconden misterios que Sophie teme averiguar. Escondida en la cama del orfanato en el que vive, la niña combate el insomnio gracias a la lectura. “Alguien le había susurrado una vez que la hora mágica era un momento muy especial, en plena noche, cuando tanto los niños como los adultos estaban sumidos en el más profundo de los sueños. Entonces, todas las cosas misteriosas salían de sus escondrijos y se adueñaban del mundo”, dice el inicio del libro de Dahl. Para Sophie, la hora mágica hace salir brujas y terrores; sin embargo, termina siendo secuestrada por un gigante sin malas intenciones, que teme ser denunciado por la pequeña al ser visto en su habitual jornada nocturna. De esta forma, se da comienzo a El Buen Amigo Gigante, un largometraje muy bien filmado, pero que deja de lado una profundización de sus temáticas para quedarse en la anécdota y en planos que sorprenden gratamente por su buena composición y fotografía.

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Explorar la mente de los niños es quizás la fuente más mágica para la creación de relatos. No solo hay en ellos una mirada franca sobre el mundo, sino que también está ese calor de esperanza y pureza que radica en sus sueños. Steven Spielberg se la juega en esta película al explorar poco a Sophie y relegarla al papel de narradora de la historia, convirtiendo al Buen Amigo Gigante en el gran protagonista de esta aventura. Y no es que acá haya grandes peleas o viajes. El Buen Amigo Gigante es la odisea de descubrirse a sí mismo y al entorno, comprender el lugar que cada uno ocupa en el mundo.

La actuación de Mark Rylance como el gigante es realmente sobrecogedora, quizás lo mejor de este irregular film. Sus expresiones son precisas y sus diálogos son dichos con tanta soltura y naturalidad, que el mal hablar del Buen Amigo Gigante se vuelve una especie de música que saca sonrisas. Eso sí, algo se pierde de aquel juego de palabras con el subtítulo y, probablemente, más aún en el doblaje. El gigante es un niño en un cuerpo de 7 metros, un ser que no ha dejado de creer en la belleza de los sueños. Y a eso se dedica en la noche: a erradicar pesadillas de la mente de los niños y darles ese momento íntimo de felicidad a la hora de dormir. Sin embargo, él vive dentro de un ambiente donde es maltratado constantemente debido a su baja estatura y su decisión de ser vegetariano.

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Hacia el final, la historia se desmorona un poco con una extraña anagnórisis de Sophie, que la lleva a crear un plan que incluye a la Reina de Inglaterra para acabar con los crueles gigantes. Sin embargo, la amistad entre la niña y el gigante es un hito que une todo el relato y lo hace fluir, sumergiendo al espectador en ese amor que se sustenta al disfrutar las similitudes y respetar las diferencias. Aunque acá quedan poco desarrolladas las ideas del cuidado de la infancia, quizás lo que más ruido produce es la ausencia de esa calidez que lleva a la identificación. Si bien la pequeña Ruby Barnhill es correcta en su actuación, no es capaz de llevar sobre sus hombros un film de excelente técnica y pocos momentos de sobrecogimiento. El Buen Amigo Gigante busca acercarse a nosotros con su bello y mágico universo, pero el director termina alejándonos de esa emotividad. Se disfruta, pero poco permanece después de los créditos finales.  5/7

5ojos

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