Buscando a Dory

La travesía de Marlin consistía no solo en nadar kilómetros desconocidos para encontrar a su hijo perdido, sino que también aceptar que el pequeño Nemo es más autónomo de lo que parece, aprendiendo por las malas a liberarlo de una presión paterna que le impide crecer tanto con aciertos como con errores. En un océano amplio y con varios peligros, Nemo y Marlin logran consolidar su familia junto a Dory, un simpático pez que sufre de pérdida de memoria a corto plazo. Y es esta característica, que en Buscando a Nemo era solo acentuada para hacer reír, la que ahora logra conmover hasta las lágrimas en Buscando a Dory, con una ahora protagonista que anhela volver a ver a su familia y, con ello, armar nuevamente aquella identidad que se le escapa constantemente.

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Dory, la olvidadiza pez cirujano, se reunirá con sus amigos Nemo y Marlin en una cruzada para hallar respuestas acerca de su pasado. ¿Qué puede recordar? ¿Quiénes son sus padres? ¿Y dónde aprendió a hablar en idioma cetáceo?

Buscando a Dory podría parecer una simple secuela de la exitosa Buscando a Nemo, pero se arriesga a ir mucho más allá de las apariencias. Con un inicio rápido, sin muchas presentaciones, los directores Andrew Stanton (Wall E, Buscando a Nemo, Bichos) y Angus MacLane (Burn-E) colocan su mirada en Dory, quien parece ser más una carga para Marlin y todos a su alrededor debido a sus constantes olvidos. Sin embargo, nada puede estar más distante de la realidad. El enfoque de este largometraje se aleja de lo masculino de su predecesora, convirtiendo a Marlin y Nemo en secundarios de una búsqueda donde la mirada femenina es protagonista. No solo Dory es la gran guía del relato, sino que hay múltiples secundarios que realzan la importancia de la mujer en el largometraje. Destiny, Jenny y hasta las esposas de matrimonios que ayudan alguna vez a la confundida Dory, son personajes femeninos que constantemente interpelan a los hombres debido a su falta de coraje y conformismo.

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Esta nueva película de Pixar-Disney tiene un guión preciso, trabajado, que ocupa todos los datos entregados en la primera película y los madura hasta convertirlos en joyitas llenas de emoción o risas. Acá hay un viaje donde tanto el espectador como Marlin conocerán a la verdadera Dory a través de fragmentos, a una niña amada cuyos padres buscan ayudarla para que jamás olvide lo más importante, aquello que la compone en esencia. Las acciones van y vienen, son los seres amados los que permanecen. Dory podrá olvidar las actividades del día, pero jamás podrá borrar las alegrías y penas que traen los afectos. Dory busca a sus padres para comprender su origen, no porque esté falta de familia. Ella, Marlin y Nemo son un núcleo poderoso, honesto en su amor, capaz de cruzar océanos para permanecer unidos.

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“Nadaremos, nadaremos”, cantaba Dory en el primer largometraje. También hablaba cetáceo, era experta en medusas y lograba ganarse el cariño de tiburones. Algo que parecía fortuito en Buscando a Nemo tiene su explicación en este film, mostrándonos el hogar de una Dory niña que termina deambulando por años en el océano por sus problemas de memoria. En esta nueva travesía de reencuentro, Buscando a Dory nos regala grandes personajes secundarios para sacar más de una carcajada: Becky (una colimbo que parece confundida, pero que esconde más allá de las apariencias), Destiny (un tiburón ballena miope, gran amiga de la infancia de Dory), Bailey (una beluga incapaz de usar su ecolocalización debido a un golpe en su cabeza) y los simpáticos Fluke y Rudder (unos lobos marinos que aman dormir en su roca y echar de ella al peculiar Gerald). Sin embargo, de todos ellos destaca Hank, un pulpo que busca desesperadamente la etiqueta que lo lleve a un acuario de Cleveland para así no ser devuelto al mar. Aunque se desconoce el motivo por el que Hank teme tanto volver a la libertad del océano, es un secundario muy bien construido, el cual tiene su propio viaje del héroe para perder sus miedos y entregarse a las aventuras y la magia del destino.

Dory es un factor de cambio. Olvidadiza pero llena de valor, en su espontaneidad radica su mayor fortaleza. Al inicio de Buscando a Dory, el relato nos muestra a un Marlin que cree que Dory es totalmente dependiente de él, algo que parece agotarle. Sin embargo, este pez payaso nuevamente debe aprender el valor de su familia al momento de casi perderla, descubriendo que él es el verdaderamente dependiente de Dory. Por eso es tan emocionante la escena con el que termina el largometraje. Es por ello que Buscando a Dory supera a su predecesora y se eleva como una de las joyas de Pixar desde su fusión con Disney.

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“Rescatar, rehabilitar y liberar” es el lema que se escucha en la voz de Sigouney Weaver, una consigna que se aplica a la maduración de una familia que ya es imposible no querer y añorar. Dory, Marlin y Nemo nos entregan una montaña rusa de emociones con Buscando a Dory, una hermosa travesía que hay que disfrutar más de una vez. La animación puede lograr historias bellamente contadas y Pixar sabe cómo explotarlo. No se la pierdan.  7/7

7ojos

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