Talión

Un hombre enmascarado aterroriza a Santiago al decidir tomar la justicia en sus propias manos. Sin embargo, el verdadero horror no radica en los secuestros y mutilaciones, sino en una red de perversiones que el sistema parece incapaz de frenar y castigar. Esa es la premisa de Talión, un nuevo estreno de cine chileno, que nos sumerge en un thriller interesante que, aunque su giro final sea predecible, sabe utilizar las reglas del género para colocar el tema de la pedofilia sobre la mesa.

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Amira (Viviana Rodríguez), es una periodista que busca el reportaje que hará despegar su carrera. Repentinamente se verá involucrada en una compleja trama policial, cuando un enigmático enmascarado, Mirubín, le envía vídeos que muestran el secuestro y castigo a pedófilos. El comisario Fuenzalida de la PDI (Ramón González), investiga el caso y presionará a Amira para que revele la identidad de Mirubín. Ella estará en la contradicción entre seguir las vías legales o dejar que Mirubín haga justicia por sus propias manos.

Talión es de esas películas que se construyen a través de atmósferas y sugerencias. A ratos enigmática (como esa muy bien lograda caminata del inicio), lo dirigido por Martín Tuta posee un guión inteligente, que conoce muy bien las fortalezas de su historia. Con una Viviana Rodríguez impecable, quizás la gran responsable de que la película funcione de principio a fin, Talión es un film que se atreve a ir más allá de la propuesta personal del cine chileno actual, guiándonos en una trama de género policial donde el verdadero villano nunca está muy claro. Los personajes viven en una ciudad de apariencias, donde unos pocos antihéroes serán los responsables de castigar a ciudadanos perversos e impunes. Quizás ahí radica lo más interesante del largometraje: cuando la justicia no funciona, ¿es válida la famosa Ley del Talión del ojo por ojo?

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Amira es una periodista resignada a escribir notas sobre noticias poco trascendentes, como lugares de citas a ciegas en la ciudad. Quizás se ha dado por vencida, dejando de lado sus ideales por una estabilidad laboral con uno que otro éxito. Sin embargo, cuando recibe los vídeos (tanto de las mutilaciones como la de los poderosos involucrados en escándalos de pedofilia), Amira decide optar por el verdadero periodismo, aquel capaz de poner en el ojo público historias que estremezcan a la sociedad. Para el policía a cargo del caso, Mirubín no es más que un delincuente peligroso, capaz de desestabilizar un sistema que se basa ciegamente en el poder de la justicia. Entre ambos personajes existe una tensión muy bien lograda a lo largo de la película, logrando dar matices a un Mirubín que se construye más a través de los juicios de otros que por sus acciones en los vídeos.

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Aunque la película poco muestra de la verdadera violencia detrás de una venganza, todo se sugiere más en sonidos que en imágenes, Talión logra captar la atención del espectador durante su casi hora y media de duración. Con unas actuaciones a veces irregulares, sobre todo de los policías (y con un Tiago Correa que, eso sí, sorprende hacia el final con su interpretación), Talión utiliza muy bien el montaje para construir un relato ágil, paralelo, donde el pasado y el presente se entrecruzan para dar pistas sobre el enmascarado antagonista y sus acciones. Atrevida y refrescante, Talión pertenece a ese cine donde nadie sale indiferente al final de la función, logrando instalar no solo el tema de la pedofilia, sino también el poder de ciudadanos cansados y enojados.  5/7

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