Joy

Lo nuevo de David O. Russell (director de El luchador, El lado bueno de las cosas y Escándalo Americano) llega a nuestra cartelera precedida por nominaciones a los premios más importantes del cine estadounidense. Este director se deja querer por la aceptación de la crítica y el público hacia sus obras, repitiendo una y otra vez el patrón de casting que lo ha consagrado en la industria del entretenimiento. Si bien Joy está hecha para el lucimiento de su musa, Jennifer Lawrence, el film se vuelve un viaje extenso e irregular para mostrar lo dulce y agraz del “sueño americano”.

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Joy es la historia de una familia a través de cuatro generaciones, centrada en una mujer que funda una dinastía empresarial y se convierte en una matriarca por derecho propio. La traición, la pérdida de la inocencia y las cicatrices del amor, serán el camino para convertirse en una verdadera jefa de familia y de empresa, frente al implacable mundo de los negocios, donde los aliados se convierten en enemigos y los adversarios se convierten en aliados, tanto dentro como fuera de la familia. La vida interior de Joy (Jennifer Lawrence), la fuerza de su imaginación, la ayudan a través de las tormentas a las que se debe enfrentar para cumplir su sueño de una vida mejor.

Si hay que encasillar a Joy en algún género, se podría decir que es una mezcla de drama y comedia, donde nunca se emociona profundamente ni tampoco se logra sacar risas. Quizás este es el largometraje más del montón de su director, uno que se ve, se disfruta, pero se olvida rápidamente. Hecho para la jornada de premiaciones y para hacer relucir a Lawrence, Joy es una abundancia de actores mal aprovechados y de historias secundarias poco desarrolladas. Eso sí, la protagonista logra llevar las riendas de una narración que se vuelve difícil a ratos, contada a través de una voz en off (de la abuela de Joy) que se aleja del testigo y se vuelve extrañamente omnisciente.

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Esta es la clásica historia de la Cenicienta, una mujer de clase media que busca darle un mejor futuro a sus hijos y a la niña que sobrevive a duras penas en su interior, que tantos sueños tuvo en la infancia. No hay un mayor giro en el relato, sumergiendo al espectador en una historia llena de villanos y personajes sin mucho carisma ni compromiso. Joy reluce entre ellos como la sufriente heroína, con una Jennifer Lawrence de impecable actuación y uno que otro secundario relevante (Edgar Ramírez es un oasis dentro de tanto personaje que uno termina odiando). Robert de Niro se repite el mismo papel de patriarca de los anteriores trabajos del director, aunque añade la pizca de comedia necesaria para hacer llevadero el relato. Bradley Cooper aparece algunos minutos con un papel tan mínimo y poco importante, que al salir de la sala de cine dudo que alguien se acuerde que el actor estuvo en la película. David O. Russell llenó la pantalla de sus actores favoritos, pero se olvidó darle profundidad a sus personajes, dejando solo la caricatura dentro de una historia prefabricada de lucha y éxito.

Joy carece de alma, aquella que se desbordaba en los films anteriores del director. Aunque es dueña de una simpleza que a momentos logra entretener y conectar con el espectador, hay recursos que parecen fuera de lugar, como la telenovela que la madre de Joy ve sin falta a través de los años. Sin aportar demasiado, ni siquiera comedia, solo sirve para agregar unos minutos más a un metraje que ya parece demasiado extendido con el fin de alcanzar las dos horas de duración. Eso sí, el momento del cuento de la cigarra es aquel que quizás mejor amarra el film, explicando por qué Joy se mantuvo 17 años en pausa, llenando forzosamente el vacío de una casa disfuncional y una familia que sabe mejor apuñalar que contener.

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Joy no disguta, pero pocas emociones provoca en su visionado. Es una montaña rusa de donde solo Lawrence sale indemne, con una actuación que si bien no es la gran maravilla, tampoco defrauda al momento de conducir todo el relato. Con el ritmo y la simpleza que caracterizan a David O. Russell, Joy termina quedándose entre el montón y se olvida fácilmente. Para entretenerse el fin de semana y salir esperanzado de que el “sueño americano” realmente existe.  4/7

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