Un gran dinosaurio

Lo nuevo de Disney Pixar prometía emoción desde sus primeros avances. Con unos fondos perfectos, El gran dinosaurio se nutre muy bien de sus referencias cuando se trata del aspecto general de guión, pero olvida a sus secundarios y cae en tantos lugares comunes, que queda relegada al deleite de los más pequeños y nada más.

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Un gran dinosaurio es una épica aventura que sumerge al espectador en el mundo de los dinosaurios, donde un Apatosaurus llamado Arlo se hace amigo de Spot, un salvaje y pequeño humano.

Acá hay una historia que podría sostener un muy buen cortometraje, pero que tropieza en sus 100 minutos de duración. Aunque técnicamente es deslumbrante (la escena del vuelo en las nubes o la de las luciérnagas es perfecta visualmente, demostrando el poderío del estudio cuando se trata de tener los mejores técnicos de animación), su guión cae en tantos lugares comunes, que es difícil no ir comparándola con películas insignes del cine infantil como El Rey LeónLa Era del Hielo. Todos los sucesos se toman a la ligera, quitándole dramatismo al viaje de Arlo por su sobrevivencia. Quizás en esto también influya la falta de un villano evidente, ya que los embates de la naturaleza no son suficientes para resaltar al protagonista y sus virtudes.

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El viaje del héroe está muy marcado de principio a fin, en un protagonista que debe emprender la aventura de volver a casa, superar sus miedos y querer al niño humano (al punto de formar una familia) a pesar de sus diferencias. Sin embargo, Arlo tiene tanto pánico de su entorno desde el comienzo, que luego de pasados varios minutos comienza a volverse algo insoportable. Aunque el mensaje de la película queda clarísimo al resaltar que es el coraje para superar adversidades lo que nos define, el sacrificio de Arlo hacia el final no es suficiente para crear una transformación potente, que conmueva al espectador y guíe hacia un final memorable.

Spot es quizás el personaje mejor aprovechado del film, siendo que ninguna palabra sale de su boca. Sus expresiones son suficientes para comprender su universo y quererlo de principio a fin. No obstante, el resto de los secundarios no corre tanta suerte: la familia de Tyrannosaurus, a pesar de tener una de las mejores escenas del largometraje (ojo con las historias de las cicatrices de cada uno, que remonta a la infancia y las pequeñas “heridas de guerra”), es dejada de lado con facilidad, convirtiendo su aparición en una anécdota sin peso narrativo ni factor de cambio para Arlo. La escena del Styracosaurus corre la misma suerte, al punto de que si es sacada del montaje, no influiría en el relato general.

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Un gran dinosaurio cumple la función de entretener a los más pequeños, pero olvida a los adultos de la sala. Llena de eventos predecibles, termina quedándose en hermosos paisajes y gran técnica, pero poco queda para la trascendencia y emotividad. Regular, sin muchas sorpresas, lo nuevo de Disney Pixar se remonta a la época donde narrar principio, medio y final era suficiente. Ni siquiera el cortometraje del inicio logra convencer, dejando este film lejos de lo mejor que el gigante de la animación puede ofrecer. Eso sí, genera nostalgia. Yo apenas salí del cine amé más El Rey León y quedé con ganas de ver esa joya una vez más.  4/7

4ojos

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