La voz en off

El cine de Cristián Jiménez (Ilusiones ópticas, Bonsái) es bastante peculiar desde sus inicios. Con historias pequeñas e íntimas, nos acerca a personajes casi caricaturescos que reflejan muy bien lo mejor y peor de nosotros. En La voz en off se nos muestran seres que se unen por un espacio en común, pero que irremediablemente se alejan por secretos y traiciones. O sea, la definición de lo que es la familia.

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En una necesidad de paz después de su reciente separación, Sofía (Ingrid Isensee) decide no utilizar su teléfono móvil ni leer nada durante un año. Pero la paz no llega. Inspirado en ella, su padre abandona a su madre. Su hermana desagradable regresa a Chile. Sus niños vegetarianos se obsesionan con el consumo de carne. Y ella descubre un secreto sobre su padre.

La voz en off posee un muy buen guión, el cual logra captar la atención de principio a fin del relato. Aunque menos subjetiva y jugada que Bonsái, lo nuevo de Cristián Jiménez nos sitúa en un universo de personajes en duelo, que han debido dejar parte de ellos mismos para sobrevivir el paso del tiempo. Todos sufren una ruptura entre quienes creían ser y quien realmente son. Sofía es una mujer que está pasando los vaivenes del fin de su matrimonio y que busca poder retomar su antiguo trabajo, como voz en off de comerciales. Su padre (Cristián Campos), un hombre que jamás se dio a conocer realmente a su familia, decide seguir los pasos de su hija y separarse de la mujer que ha sido su compañera de toda la vida. Su hermana (María José Siebald) vive dividida entre las responsabilidades de ser madre primeriza y seguir siendo una mujer independiente, odiando que tener que volver a Chile para ser profesora universitaria. Por último, su madre (quizás la más hermética de los personajes, interpretada por Paulina García) es incapaz de ver y aceptar la realidad de su matrimonio y de sus hijas.

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Todos queremos una voz en off que nos explique lo que va pasando en la vida, sobre todo cuando llegas a ese momento donde todo y todos parecen desconocidos. Sofía cree que para ser feliz debe conocer los secretos de la familia, como una forma de descifrarse a sí misma y cínicamente ser capaz de juzgar al resto. Sin embargo, aquello la acerca más a la orilla de un inmenso acantilado que a una zona segura. Con gran uso de la cámara y el valor de planos, La voz en off nos convierte en testigos intrusos de seres que se destruyen, para reinventarse una y otra vez.

Técnicamente, lo nuevo de Jiménez es impecable. El film cuenta con una fotografía que sabe aprovechar la luz y colores de la bella Valdivia y tiene un montaje preciso, que sabe sacar partido de los planos generales para narrar situaciones íntimas y complejas, convirtiendo al espectador en un testigo intruso pero necesario.

Si bien Ingrid Isensee parece incómoda con algunas líneas del guión, el casting del largometraje es un lujo. Cabe destacar el trabajo de Paulina García y María José Siebald como dos mujeres en crisis, neuróticas, que se repelen en su rol de madre e hija debido a su similitud. El trabajo de los niños de la película, interpretando a los hijos de Sofía, es también impecable, generando esa sensación de que el vínculo de hermandad se sustenta gracias a una misma cantidad de amor y odio.

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Con una escena final carente de diálogo pero llena de significado, La voz en off ofrece un relato redondo, muy bien contado, que muestra aquella idiosincracia tan arraigada en la familia. Porque la verdad a veces puede llegar a ser tan hiriente como los secretos. Un imperdible de cine nacional.  6/7

6ojos

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