Sin Escape

Owen Wilson se aleja una vez más de la comedia desde Tras líneas enemigas (2001), con una película llena de acción y suspenso. No obstante, Sin Escape peca de ingenua al momento de retratar la violencia en su lado más brutal, dejando a la historia flotando entre clichés, personajes con poco peso narrativo y un desenlace predecible.

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Una familia acaba de trasladarse a un país extranjero para comenzar una nueva etapa en su vida. Pero su recién estrenada tranquilidad se ve alterada cuando se encuentran en medio de un Golpe de Estado. Desesperados viendo el trato brutal y salvaje que se les está dando a los extranjeros en medio de la revuelta, buscarán una vía de escape que les aleje del centro del conflicto.

Acá no hay mucho aporte al género, aunque la escena de inicio del film dé una falsa promesa de volver al cine de acción más puro y masivo, ese que tuvo su explosión entre los 80′ y 90′. Sin embargo, la sensación se diluye apenas comenzamos a conocer a la familia protagonista. Para que una película funcione en su totalidad, generalmente necesita que el espectador logre una conexión con los personajes, para comprometerse con su destino a lo largo del metraje. En Sin Escape nada de eso funciona; es más, los artilugios técnicos son uno de los grandes responsables, sobre todo la inoportuna y eterna cámara lenta. No dudo que este recurso ayuda al suspenso, pero luego de explotarlo a cada momento, termina por eliminar tensión más que aportar.

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El guión y sus giros son bastante predecibles, algo que no mejora con unas actuaciones regulares y bastante planas, sobre todo en los momentos de mayor drama. Otro gran crimen que comete el guión de este film es su trato hacia los secundarios: poco importa el destino de Kenny Rogers (un muy mal aprovechado Sahajak Boonthanakit) y el del carismático Hammond (Pierce Brosnan), a pesar de ser los únicos que logran crear una conexión con el espectador. Eso sí, las dos niñas de la familia protagonista muchas veces actúan hasta mejor que el propio Wilson, lo que se agradece en las escenas hacia el final del metraje.

En Sin Escape no existe una verdadera transición hacia la violencia extrema que se muestra, no se deja de manifiesto una evolución de los personajes por la brutalidad que los rodea. Y en este tópico es donde creo que esta película queda coja, pecando de ingenua: es extraño ver en la actualidad films donde los norteamericanos se sienten en peligro en países del extranjero (sobre todo asiáticos, los cuales casi siempre responden a un cliché de pobreza, armas y corrupción), cuando la verdadera violencia, la más cruel y terrible, se comete en su propio país, contra ellos mismos.

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Sin Escape es un largometraje ligero, que no aburre si se busca pasar un rato entretenido entre balas y persecuciones. Sin embargo, no aporta mucho más a un género que actualmente produce mucho, pero perdura poco en la mente del espectador. Owen Wilson también cumple, pero sin sorprender. Ojo con la escena donde Hammond intenta reivindicar la tesis del film, al culpar a las grandes corporaciones de robarse el agua de países pequeños, ya que es lo único que realmente hace sentido en toda la película. Eso sí, ese momento no dura más de 5 minutos. 3/7

3 ojo

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