Revancha

Antoine Fuqua es de esos directores que se aman o se odian, sobre todo porque su filmografía es una montaña rusa donde nunca se sabe con certeza qué se verá en la pantalla grande. Director de muy buenos films como Día de Entrenamiento y Los Mejores de Brooklyn, también tiene catástrofes de acción como El Justiciero y Objetivo: La Casa Blanca. Lo mejor que le queda a Fuqua es la relación maestro-discípulo entre personajes perdidos, marginados, cuyo destino poco importa para su entorno. Esto y más es su nuevo film, Revancha, donde Jake Gyllenhaal se pone los guantes y sube al ring para convertirse en una bestia sumergida en la violencia y los excesos.

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El boxeador Billy Hope le pide al entrenador Tick Willis que lo ayude a recuperar su vida, después de perder a su esposa en un trágico accidente y a su hija dentro del Servicio de Menores debido a los excesos.

Billy Hope es un hombre que ha conocido las carencias desde pequeño, pues creció en un orfanato debido al abandono de su madre. Sin grandes oportunidades para surgir en un sistema creado para aplastarlo, decide ganar dinero y hacerse un nombre a través de la fuerza de sus puños. Sin embargo, el mundo del boxeo es cruel: muchas veces se está arriba, pero caer es mucho más fácil que subir. Billy ha recibido golpes del destino junto con los físicos; de hecho, el estilo de boxeo del protagonista se basa en recibir muchos golpes durante varios asaltos, para despertar la bestia furiosa que tiene dentro. El daño comienza a acumularse, el mismo que también lo destrozará interiormente cuando su esposa muera trágicamente en un confuso incidente de armas.

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Revancha es una película estructurada en tres claros arcos que se basan en los estados claves del protagonista: fama, caída y nuevo ascenso. Quizás para algunos esto le dé una duración excesiva al largometraje; sin embargo, acá Fuqua nos entrega un personaje maduro, muy bien interpretado por Gyllenhaal, que logra mostrarse por entero al espectador durante las dos horas de metraje. En Revancha, hasta los secundarios logran brillar en momentos claves, como Saltarín (un niño sumergido en la misma violencia que el protagonista, pero que no logra escapar) o la hija de Billy, Leila (una sólida Oona Laurence). Un gusto ver a Forest Whitaker en un papel que tan bien le queda, como un maestro dañado que busca redención en el ascenso de su discípulo.

Fuqua hace de Revancha una película donde lo importante es el autodescubrimiento, a pesar de que ello se consiga a través de la destrucción. Porque para volver a empezar y salvarse hay que hacer un borrón completo al antiguo yo, porque para conocerse realmente hay que ver lo peor de uno y tocar fondo. Con tremendas escenas de pelea, Fuqua parece conocer muy bien el mundo del boxeo, el cual logra retratar con muy buenas subjetivas durante el combate, un soundtrack impecable y un montaje dinámico que gana gracias a la decisión de usar cámara en mano para resaltar situaciones claves.

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Si bien esta puede llegar a ser una película no apta para el gusto de todos (al igual que toda la filmografía de su director), Revancha revive a ese Fuqua que queremos ver, el cual balancea muy bien la acción con el drama humano. Si bien el final del largometraje es complaciente con el espectador, en un mundo donde en verdad nunca gana el que se lo merece, Revancha logra alzarse triunfadora dentro del género. Los amantes del deporte (me incluyo) disfrutarán de principio a fin este film, donde cada pelea deja al espectador al borde del asiento. Yo que ustedes, no me la pierdo. 5/7

5 ojo

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