La dama de oro

Maria Altmann inició en el año 1998 una cruzada que parecía imposible: recuperar el retrato de una querida tía que fue hecho por el famoso artista Gustav Klimt. Lo que para ella era un preciado recuerdo de una infancia y juventud feliz junto a su familia, para Austria era uno de los cuadros más emblemáticos de su cultura. La dama de oro es el retrato de la lucha de una mujer no solo por lo que le pertenece por derecho, sino que también con viejos fantasmas del pasado.

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Una octogenaria mujer, Maria Altmann, inicia una batalla legal contra el gobierno austríaco con tal de recuperar una pieza de arte que ella cree que le pertenece a su familia por derecho.

La dama de oro consta de una estructura ágil, que permite que el relato fluya sin problemas entre el pasado y el presente. El trabajo actoral es sólido, sobre todo de la siempre impecable Helen Mirren. Sorprende lo cómodo que se ve Ryan Reynolds dentro de la piel del tímido abogado de Altmann, un hombre que lucha por la independencia dentro de su profesión y enfrenta un pasado familiar muy similar a la de su defendida debido a la ocupación nazi. Tatiana Maslany hace de una joven Maria, quien ve cómo la tranquilidad en su vida se ve interrumpida por la llegada de la Segunda Guerra Mundial, alejándola de su patria, sus padres y todos sus bienes.

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En el aspecto general, La dama de oro es un largometraje liviano, poco ambicioso, hecho para entretener pero no para perdurar en la memoria del espectador. Es complaciente en todo momento, evitando muchas veces reflexiones más complejas de un pasado lleno de sangre y dolor. El trabajo que se hace sobre los personajes permite una rápida empatía, que culmina en un desenlace que donde la valentía triunfa sobre el egoísmo. Sin embargo, se deja de lado la historia más humana, esa que nos muestra a una anciana incapaz de volver a su país de origen, aterrorizada por viejos fantasmas del nazismo. Una mujer herida, incapaz de perdonarse por haber dejado atrás a sus padres y que cree que con la recuperación del retrato se acerca más a un pasado glorioso y feliz. El mismo que le arrebataron un día junto a su identidad.

El drama el joven abogado también se ve opacado por la anécdota más liviana del juicio. Si bien este es un film que se centra en la batalla legal, también insinúa temas de los que luego no logra hacerse cargo. El personaje de Katie Holmes me parece irrelevante, ya que la vida familiar del abogado es apenas mostrada entre partos y asados de domingo. Los protagonistas no arriesgan mucho, por lo que el clímax se vuelve predecible y poco potente.

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La dama de oro cumple con buena entretención pero no aspira a mucho más. Con algunos chispazos de buen cine de drama, logra salvarse gracias a una solvente y cercana Helen Mirren, quien lleva a la historia a sus mejores momentos, sobre todo aquellos llenos de añoranza por lo perdido y de energía por terminar con la injusticia que su país le impone al arrebatarle bienes que son más que cifras para ella. Aunque se trate de una historia basada en la vida real, este film peca al ser poco novedoso y, muchas veces, hasta ingenuo.

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