Allende en su laberinto

El estreno nacional de esta semana viene de la mano del reconocido cineasta Miguel Littin, director de la aclamada “Chacal de Nahueltoro” y la reciente “Dawson Isla 10”. Con las actuaciones de Daniel Muñoz y Aline Küppenheim en los roles principales, “Allende en su laberinto” es un film que sorprende por su humanidad y por una segunda parte muy bien lograda.

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“Allende en su laberinto” narra las últimas 7 horas del electo presidente Salvador Allende y sus más cercanos colaboradores dentro del palacio de gobierno de La Moneda, durante el brutal Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, día donde se terminó la democracia en Chile.

Esta película resultó para mí una grata sorpresa. “Allende en su laberinto” bien podría dividirse en dos segmentos: el primero, de alrededor de 40 minutos, es más bien irregular y su visionado tiende a hacerse más lento; la segunda parte, que comienza con el bombardeo a La Moneda, deja al descubierto a un personaje principal mucho más rico en emociones, frágil, muy humano. Hasta el estilo de cámara y montaje cobra más sentido cuando Salvador Allende se ve rodeado dentro de la casa de gobierno y debe decidir entre rendirse o luchar hasta la muerte.

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Las actuaciones de los protagónicos son simplemente soberbias. Daniel Muñoz logra dar con un Allende complejo, íntegro, que duda de los pasos a seguir entre cada bombardeo. Es un hombre que cree en la lucha por la democracia y, por ende, comprende sus sacrificios. Sin embargo, ver caer a sus amigos más cercanos lo hará cuestionarse si realmente el propósito vale las vidas perdidas en batalla.

Por otro lado, Aline Küppenheim da tremendos momentos al film. Esta es una actriz que no necesita del diálogo para derrochar talento, pues acá ella se luce con miradas y gestos que llegan a erizar los pelos del espectador. La escena de la llamada es simplemente magnífica.

Creo eso sí, que la película tiene una estructura de guión donde se le da una gran importancia a la información dada en diálogos, lo que a veces se traduce en conversaciones que parecen poco fluidas y naturales. Muchas veces se acerca demasiado al peligroso límite de lo teatral. Sin embargo, Muñoz logra sacar airoso esos momentos, aunque los secundarios no corran la misma suerte en ocasiones.

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“Allende en su laberinto” es buen cine nacional, ese que se la juega por películas de alto consumo masivo, pero con contenido. Acá hay una lectura muy bien lograda técnicamente de lo sucedido en una época del país, mostrando una mirada muy personal que Littin es capaz de transmitirle por completo al espectador. Este largometraje está lleno de poderosas imágenes que no dejan a nadie indiferente. Porque, al fin y al cabo, Salvador Allende no era más que un hombre atrapado entre sus ideales y la traición, algo que se deja entrever en una historia que algunas veces llega a cruzar hasta el umbral de lo onírico.

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