Siempre Alice

Esta película llega a la cartelera antecedida por el tremendo éxito que tuvo en la temporada de premios su actriz principal, la seca Julianne Moore. Ganadora del Oscar 2015 por este rol, Siempre Alice es de esas películas que llegan directo al corazón con una historia desgarradora, mínima y cotidiana.

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Alice Howland es una profesora de psicología cognitiva en Harvard y una experta lingüista de fama mundial. Está orgullosa de la vida que tanto le costó construir, incluyendo su feliz matrimonio y sus tres hijos ya adultos. Un día, Alice comienza a notar que su mente la traiciona. Al recibir un diagnóstico devastador, Alice verá puesta a prueba los lazos que tiene con su familia y con el mundo en general, aprendiendo día a día “el arte de perder”.

Siempre Alice es una película íntima, llena de sobresalientes actuaciones y momentos que calan hondo en el espectador. Julianne Moore logra dar a la perfección con esta mujer confundida, que ve cómo de pronto todo lo que conoce se diluye bajo una mente que comienza sin piedad a olvidar. Está aterrada bajo la nueva perspectiva de terminar perdiendo recuerdos valiosos, de convertirse en una carga para sus seres amados. Alice trabajó toda su vida con el lenguaje, el mismo que ahora se le escapa cada vez que intenta terminar una oración. Acá hay un retrato sutil, sin caer en lo ingenuo, de los estragos del Alzheimer en la vida de un individuo.

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Acá hay un buen trabajo de guión. Qué tremendos momentos hay entre esta madre que lo único que quiere es ver a su hija menor realizada, segura, con una carrera que logre mantenerla cuando ella ya no esté. Kristen Stewart brinda una escena final hermosa, que termina cerrando un film redondo y honesto. La escena de Alice dando el discurso donde cuenta cómo es acostumbrarse al “arte de perder” es simplemente magnífica, porque se soporta en uno de los mejores momentos de Moore en el personaje.

Si bien he leído de varios detractores del largometraje por cómo se muestra el Alzheimer, creo que aquí lo principal no es la enfermedad, sino más bien el proceso de dejar ir, de aceptar un destino que es imposible de cambiar. Perder recuerdos es perder la identidad, lo que nos convierte en individuos únicos dentro de la masa. Olvidar todo no es solo ingrato para la persona que lo sufre, sino también para los que le rodean. Acá se muestra una caída progresiva, y sí es de una mujer joven, pero creo que todos los que sufren esta enfermedad la viven de similar manera. Estar consciente de que uno se está perdiendo dentro de su propia cabeza debe ser una experiencia aterradora. Y eso es Siempre Alice. Acá hay una historia pequeña, de un ser que no significa nada para el mundo, pero que lo es todo para sus seres queridos. Una mujer cuyos días pasados se van diluyendo poco a poco en un olvido irremediable.

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Siempre Alice es de esas películas que le hacen bien al espíritu. Es un recorrido que el espectador vive a pulso con la protagonista, un viaje que nos muestra lo más profundo de un ser humano perdido dentro de sí mismo. Yo me saco el sombrero ante Julianne Moore, quien eleva este largometraje a una obra simplemente majestuosa. Triste, pero necesaria. Para verla más de una vez.

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