Ida

Ida es de esas películas que uno piensa que jamás podrá disfrutar en pantalla grande. Arriesgada para los distribuidores, la nominada para Mejor Película Extranjera en los Oscar 2015, se convierte en un aire fresco dentro de la cartelera local. Porque la cinta polaca sorprende, transporta y logra crear una conexión con el espectador gracias a una historia muy humana y universal.

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Anna, una joven novicia en la Polonia de 1960, está a punto de tomar sus votos cuando descubre un oscuro secreto familiar que se remonta a los años de la ocupación Nazi.

Este es un film que sabe sumergir en una determinada atmósfera desde un inicio. De un hermoso blanco y negro y proporción cuadrada, Ida es un oasis íntimo, excelentemente filmado y actuado. Qué maravilla la fotografía de esta película, además de esa elección de encuadres que a primera vista pueden parecer incómodos, pero que luego corta la respiración debido a que se logra contar tanto, solo con la posición de cámara y la composición de lo que hay dentro del encuadre. Acá todo es valioso, preciso, como si se hubiera hecho desde las entrañas. Aunque siempre es contenida en el tono de sus actuaciones, acá hay pasión y entrega por hacer cine. Y del bueno.

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El director Pawel Pawlikowski termina creando una joya sobre la identidad y las raíces. Anna es abandonada en un orfanato y, sin más opciones reales en la vida, decide quedarse dentro de la Iglesia que la ayudó a crecer. Una decisión que la Madre Superiora quiere que la muchacha la tome a conciencia, conociendo a una tía que siempre supo de su existencia pero jamás quiso reclamarla para criarla. De esta forma Anna descubre que su nombre de nacimiento es Ida y que proviene de una familia judía que perdió la vida durante la Segunda Guerra Mundial.

Un extenso y agobiante paisaje nevado, unos pueblos tristes y que parecen desamparados. Eso es lo que descubre Ida en su viaje por intentar descifrar quién es y quién realmente desea ser. Ella es pura, blanca y arrasadora, como el invierno que la rodea, por lo que es testigo silencioso de la redención desesperada que busca su tía, una mujer alcohólica de oscuro pasado. El personaje de Ida crece y florece delante de nuestros expectantes ojos, llevándonos a un viaje lleno de tremendos momentos. Descubrir y desenterrar el pasado, puede ser la única forma para enfrentar el futuro.

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Ida no está presa, no está sola, al contrario de todos los personajes que la rodean. Es la única que ve con verdadera claridad la vida y sus acontecimientos. Disfruta de pequeñas cosas y para ella la religión no es una vía desesperada, sino más bien un fiel y querido compañero. Agata Trzebuchowska logra crear un personaje redondo, lleno de aristas y que desborda sentimientos en miradas, posiciones y movimientos. Por su parte, Agata Kulesza logra dar con una tía que genera una montaña rusa de emociones en el espectador: es imposible no odiarla al inicio, sentir lástima a la mitad y quererla hacia el final.

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Esta es una de esas películas con las que uno sale del cine en completo silencio. Se siente que hemos sido testigos de una historia intensa, hermosa, que demuestra que sin grandes artificios es posible maravillar con largometrajes que perduran en la memoria. Ida es una joya imperdible que debe ser vista en pantalla grande. Perfecta, es un placer audiovisual y emocional que pocas veces se ve en el cine contemporáneo.

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Un comentario en “Ida

  1. Pingback: Los Oscar 2015 | Cine Chasquilla

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