Kaguya-hime no monogatari

Siempre he sido una fiel seguidora de las películas producidas por Ghibli. Y si bien por acá en Occidente se considera a Hayao Miyazaki el genio y figura del estudio, para mí el más seco y preferido siempre será Isao Takahata (quien descubrió a Miyazaki y creó Ghibli). ¿El film con el que me conquistó? “Omoide Poro Poro” (más conocido acá como “Only Yesterday”) caló en mi corazón de una forma tan profunda, que aún puedo citar fragmentos como si la hubiera visto hace poco. Y es por esta razón que mis expectativas eran altas con su última producción: “Kaguya-hime no monogatari” o “The tale of princess Kaguya”. Y no me decepcionó. Es más, me sorprendió.

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“Kaguya-hime no monogatari” está basado en el cuento tradicional japonés “El cuento del cortador de bamboo”, el cual narra la historia de Okina, un cortador de bamboo que descubre a una pequeña niña dentro de resplandeciente tallo de bamboo. Creyendo que es una divinidad, Okina decide criar a la pequeña junto a su esposa Ona, llamándola Hime (princesa).

Debo decir que esta película es una de esas obras maestras que ya no se ven. Redondita, con una técnica de animación tradicional que se agradece luego de tanto 3D, el film logró tocar mi fibra sensible con una historia sencilla pero con un mensaje potente. Hime (a quien luego nombran Kaguya-hime) es feliz viviendo en el bosque, rodeada de la naturaleza y sus humildes amigos. Sin embargo, su padre decide llevarla a la capital pensando que la joven debe vivir y comportarse como princesa. Sin importarle su opinión, Hime se verá arrastrada a un mundo de protocolos y machismo, lejos de los intensos sentimientos que le proporcionó el bosque en su infancia.

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La animación es simplemente hermosa. Cambiante, siempre está al servicio del estado de ánimo de la protagonista. El tremendo trabajo que hay detrás de cada cuadro queda de manifiesto en un largometraje sensible, perfecto, armonioso en su totalidad. Y triste. Porque yo no pude evitar llorar hacia el final, sobre todo cuando este diálogo aparece:

“- En la pureza de la ciudad de la luna dejarás atrás este mundo de penurias y suciedad.

– ¡No es sucio! ¡Hay alegrías, hay penas, todo el que vive aquí los siente en todas sus formas! Hay aves, bichos, bestias, pastos, árboles, flores y sentimientos.”

Yo no pude evitar sentir una profunda desolación. No solo porque este film es el último de Takahata (la animación pierde uno de sus grandes exponentes) sino porque sentí que el director nos muestra que debemos ser y disfrutar quienes somos en el presente, que mirar luego hacia atrás lleno de arrepentimientos es el mayor error que podemos cometer. Hime se da cuenta tarde de que hubiera sido feliz en el bosque, que quizás habría llegado a amar y ser amada si se hubiera quedado al lado de su amigo de la infancia, si hubiera saltado del carro que la transportaba cuando se topó con él en la capital, en vez de esconderse detrás de la cortina. Y no hay verdad más triste que esa. ¿Habrá Takahata hecho todo lo quería en la animación, habrá alcanzado la plenitud de la felicidad?

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¿Hay un tipo de animación, más tradicional, que ha terminado por sucumbir ante lo digital? Claro que sí y por eso duele tanto que Ghibli ya no haga más películas. Eran los únicos que quedaban dando el esfuerzo, tratando de competir a la par con la animación digital. Pero el mercado terminó por hundirlos y las preferencias de la gente a la hora de ir al cine pasaron a ser 3D, sin importar que Ghibli siempre ha sido (y será) sinónimo de alta calidad de películas animadas infantiles (y no tanto).

Así que lo que hace Takahata con “Kaguya-hime no monogatari” es un último canto a esa animación cuadro a cuadro, a esos paisajes que solo pintados a mano logran cortar la respiración por su belleza y magnitud. Takahata se despide porque sabe que la cantidad de dinero y trabajo que requiere este tipo de animación ya no es sustentable. Aunque yo también soy consciente de ello, no pude evitar llorar como una niña toda la secuencia de créditos, pensando que estaba ante una obra tan plena y perfecta que ya no se repetirá.

5¿Estamos destinados a ser alguien desde el nacimiento? El bello film de Takahata nos demuestra que el individuo se forja gracias a los que nos rodean y nuestras propias vivencias. Que aunque la vida tenga dolor, si colocamos en la balanza son mucho mayores los momentos buenos que los malos. Hay bondad en lo que nos rodea, hay belleza en el pájaro que canta en las mañanas, en las hojas de los árboles mecidos por el viento. Y eso bien lo sabe Hime, quien ríe y se maravilla ante el viento, los animales, el sonido. De hecho, son estas pequeñas cosas las que la hacen crecer con más rapidez que un niño normal. Ella crece al ritmo del bamboo.

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Yo les recomiendo ver esta película porque es sencillamente increíble. Una obra maestra con todas sus letras. Y bueno, no pude verla en el cine ya que no creo que llegue a nuestras salas en ningún futuro cercano, pero les recomiendo encarecidamente que se den un tiempo y disfruten de esta maravilla de la animación. Cómo voy a extrañar los films de Isao Takahata. Simplemente, un maestro entre los maestros.

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7 comentarios en “Kaguya-hime no monogatari

  1. Me gusto mucho esta película, pasados los días algunas escenas y melodías vuelven a mi cabeza y me gusta más que en el momento en que la estaba viendo (algo similar me pasó con “El viento se levanta” de Miyazaki). Esta íntegramente dibujada a mano y aunque no se nada al respecto, me da la sensación de que no solo no hizo uso de animación generada por computadora si no que hizo las cosas como se hacían hace décadas atrás, sin perder en un solo fotograma la fluidez, belleza y la capacidad de expresar ideas y sentimientos de una manera que ya no volveremos a ver… veremos que bambú crece en Japón en los próximos años, seguramente nos sigan sorprendiendo. Saludos!

    • Es hermosa esta película. Ojalá Ghibli, y este director en particular, no dejen las películas, ya que son una de las pocas productoras que realizan animación no digital. Takahata es uno de los maestros de la animación, sin lugar a dudas.
      Saludos! (=

      • Es muy buena tu reseña, yo soy uno de esos que embolsaba la obra de Takahata dentro de la de Miyazaki. Son muy agradables de leer tus apreciaciones, dada la forma de observar que tenés. Tendré a este blog como referencia cuando ande buscando algo que mirar 🙂

    • Hola!
      Es una joya de la animación. Emocionante, abarca diversos temas que tocan la fibra más sensible. Y cada cuadro es hermoso, con una técnica que ya no se ve en estos días.
      Muchos saludos y espero que te haya gustado la columna! (=

  2. Creo también que es una obra fantástica, muy profunda, de gran calidad y significado,guarda tal belleza gráfica que se vuelve un privilegio poder presenciar cada escena hecha tan distintiva con este peculiar método a acuarela, magnífico, me siento feliz y tranquila de haber podido visualizarla, una joya Ghibli.

  3. Pingback: Los Oscar 2015 | Cine Chasquilla

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