Aprender a vivir en el Día de los Muertos: El libro de la vida

Las expectativas eran altas cuando me decidí ir a ver “El libro de la vida”. Su afiche y trailer prometían desde el inicio. Y debo admitir que fue entretenida y no me decepcionó, pero podría haber sido mucho más, sobre todo si contamos la atractiva animación, dirección de arte y diseño de personajes. No es mala, no se hace larga, pero quizás su mayor pecado es que con el tiempo se vuelva una película que se olvida rápido, de esas que abundan, y me atrevo a decir que ya sobran, a su género.

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“El libro de la vida” nos cuenta la historia de tres amigos de la infancia, los cuales sin saberlo se verán envueltos en una apuesta entre deidades (en el Día de los Muertos) que cambiará sus vidas. Manolo (un joven que proviene de familia de toreros, pero que le gusta más cantar que matar) y Joaquín (quien vive bajo la sombra de su padre, quien murió protegiendo al pueblo de los bandidos) están enamorados de la misma mujer: María. Es por esto que Xibalba (quien reina en el mundo de los olvidados) y La Catrina (soberana de la tierra de los recordados) apostarán sobre quien finalmente se quedará con el corazón de la hermosa María, poniendo en juego mucho más que el amor y la amistad.

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Visualmente esta es una película llamativa, atrapante y muy bien lograda. Si nos vamos al argumento mismo, una de las cosas que más me gusta es cómo se muestra la cultura mexicana al mundo, además de profundizar en temas universales que identifican tanto a grandes como a chicos: el amor, la amistad, la relación padre e hijo con sus expectativas a llenar, descubrir y ser quién realmente uno es, la crítica hacia la matanza de animales como deporte (es perfecto y directo el mensaje hacia las corridas de toros), el machismo, la muerte y el peso de los antepasados.

Una de las cosas que me molesta en este film es esa manía (tan Disney) de subestimar al espectador más pequeño. Los niños no son tontos y eso lo demuestran films como “Wall E”, “Cómo entrenar a tu dragón” y “Peabody y Sherman” (entre muchas otras). Ya pasó ese tiempo en que la animación necesitaba sobre explicarse todo el tiempo. Hoy en día, un largometraje infantil llega a ser una película de culto cuando se le permite al niño un análisis crítico de lo que ha visto, cuando se le da tarea para la casa a las familias luego de transmitirles un mensaje. A “El libro de la vida” le sobran diálogos banales, lo que hace que el film sea de ritmo irregular.

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Hay partes que me emocionaron casi hasta las lágrimas. Porque “El libro de la vida” toca la fibra sensible de todos a los que hemos perdido a alguien importante en la vida. Qué lindo es mostrarle al niño que la muerte no es el final, porque la gente amada siempre vive mientras las recordemos. Porque ellos jamás nos dejan, ya que nuestra historia está firmemente ligada a la de nuestros antepasados. Somos quienes somos gracias a ellos. Es por eso que debemos conocer y aprender de nuestros ancestros para luego forjarnos como individuos y hacer nuestra propia historia. Todos los que han partido están en nuestra espalda, dándonos el empujón que necesitamos para afrontar lo que se viene.

Me gusta además que las películas infantiles del último tiempo estén mostrando la difícil relación que existe entre un padre y su hijo. Si “The Boxtrolls” tiene un potente diálogo sobre este tema, “El libro de la vida” nos muestra en una secuencia (donde además vemos a los personajes convertirse en adultos) que llenar las expectativas paternas muchas veces es más importante que hacer lo que realmente queremos. Es esa necesidad del niño de amor, de aprobación de la figura paterna, aquella cuyo cariño uno tiene que ganarse incesantemente toda la vida (ya que el amor de madre se asume que es incondicional), lo que puede llegar a crear el carácter de un niño y sus decisiones sobre el futuro. Manolo tiene el talento innato de los Sánchez para torear, pero se niega a acabar con el toro al final. Y eso se debe a que Manolo lo que realmente quiere hacer es cantar y tocar la guitarra con el corazón. Pero su padre lo detiene: los Sánchez son hombres de plaza de toros y jamás piden perdón. Pero lo que él no sabe es que su hijo no es un apellido, sino que es un ser individual, con sueños y metas propias; así “El libro de la vida” también nos cuenta el viaje de este padre para aceptar y querer a su hijo tal cual es, además de comprender que la hombría también tiene que ver con reconocer los errores y pedir perdón.

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Así que ya saben. Aunque no es una película perfecta, “El libro de la vida” es entretenida y además puede llevar a una reflexión tanto a grandes como a pequeños. Y ojo, que aunque en todos lados salga el nombre de Guillermo del Toro (productor del largometraje), este film es el debut en el cine del mexicano Jorge R. Gutiérrez. Un director al que hay que ponerle atención, por lo menos yo espero ansiosa su próxima historia. Y bueno, esta chasquilla le da 5 ojos a un film que podría haber sido mejor, pero que igual sobresale de muchos otros largometrajes infantiles que se han estrenado este año.

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