Más de lo mismo con El Gran Hotel Budapest

Voy a empezar esta columna aclarando que yo le tengo cierto cariño a la filmografía de Wes Anderson. Algunas de sus películas han quedado grabadas en mi memoria, con detalles incluidos. Así que mis expectativas eran altas con su nuevo largometraje. Y debo decir, muy a mi pesar, que me defraudó.

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“El Gran Hotel Budapest” narra las aventuras de Gustave H, un impecable conserje de un renombrado hotel europeo, y de Zero Moustafa, un joven botones que se convertirá en su mejor aliado y amigo en un ficticio periodo de entreguerras. Todo el conflicto se desencadena debido a que Gustave H. decide adueñarse de una valiosa pintura renacentista luego de que le fuera legada en un testamento; sin embargo, el hijo de la difunta no está dispuesto a ceder su herencia tan fácilmente.

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Debo aclarar que una de las cosas que más me gustó del film son las actuaciones. Ralph Fiennes deslumbra en un personaje que parece hecho a la medida para él, al igual que Adrien Brody. En mi corazón, el favorito por lejos es Willem Dafoe: su personaje se lleva los momentos más insólitos de la película, los que sacan carcajadas y los más sorpresivos. Impecable. Maestro.

Además, me encantó la forma en que estaba contada la historia. Es una narración sobre otra narración, y así sucesivamente, lo que la convierte en un acertijo que solo se puede desentrañar con el relato de cada uno de los involucrados.

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¿Lo que no me gustó? Es que, a pesar de que su duración es bastante prudente, a mí se me hizo muy larga. Y tediosa. Sentí que le faltaba innovación, que Wes Anderson se conformó en algún momento con lo que fácil y probado y dejó de lado un poco la sorpresa entre cada film. Todo es idéntico siempre en su filmografía: las tramas (en el fondo) comienzan a parecerse, la estética no varía, hasta los movimientos de cámara parecen hechos en masa.

Y debo confesar que me aburrí. Al contrario de lo que me pasó con su anterior largometraje (Moonrise Kingdom), en esta película no me importó mucho lo que le sucedieran a los personajes, así que me despegué de la trama muy fácilmente. La encontré un poco plana. Además, creo que los cameos que hicieron actores maestros fue totalmente innecesario. Un insulto al tremendo talento de actores que aparecen, con suerte, dos minutos en pantalla.

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No existe tensión ni mucho desarrollo de personajes. Quizás fue eso lo que me hizo sentir que “El Gran Hotel Budapest” no es más que una pequeña anécdota que olvidaré en una semana. Wes Anderson termina construyendo un film desechable, que carece de lo más notable que posee su filmografía: perdurabilidad. Demasiados personajes condimentan una historia pequeña, que parece ya haber terminado al inicio del metraje.

Wes Anderson para mí sigue siendo sinónimo de buen cine, pero necesita cambiar pronto antes de que su propio método termine por tragárselo. La monotonía podría comenzar a cansar hasta a sus seguidores más acérrimos.

Y a ustedes, ¿les gustó “El Gran Hotel Budapest”?

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Un comentario en “Más de lo mismo con El Gran Hotel Budapest

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