Yo también soy perro: Las aventuras de Mr. Peabody y Sherman

Debo admitir que mis conocimientos sobre esta película eran casi nulos. Y, quizás por esto, mis expectativas eran muy bajas. Pero resulta que me sorprendió. “Las aventuras de Mr. Peabody y Sherman” es un largometraje que cala hondo en el espectador, sobretodo en el más adulto. Hasta ahora, se lleva por lejos el mérito de ser la mejor película de animación de este año estrenada en salas.

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¿De qué trata el film? El Sr. Peabody no es un perro normal y corriente, sino que es todo un genio. Utilizando su invento más ingenioso Peabody, junto a su hijo adoptivo Sherman, viajan por el tiempo para poder vivir en carne propia acontecimientos históricos que cambiaron el rumbo de la historia. Sin embargo, el genio canino que todo lo cree saber se topará con el problema más grande de todos: la paternidad.

Mr. Peabody es un personaje animado que comenzó a salir al aire a finales de 1950 y principios de 1960, en segmentos que compartía con la serie de televisión “Rocky y Bullwinkle”. Y a pesar de todos los años que han pasado desde su creación, la historia no está para nada oxidada. Los mensajes son claros, potentes y muy, muy actuales.

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Mr. Peabody es un perro que jamás fue adoptado debido a su inteligencia, por lo que nunca sintió lo que realmente significaba el amor de una familia. Sin embargo, un día conoce a Sherman, un niño huérfano a quien decide adoptar. Pero los afectos son algo difícil de tratar para el can, por lo que obliga al niño a decirle “Mr. Peabody” en vez de “papá”. Hasta ahí, todo es más o menos similar entre la historia de los 50 y la película actual. Pero el largometraje se atreve a ir más allá y es por eso que gana en emoción y empatía.

La película evoluciona un poco la historia televisiva, adentrando temas tan importantes como la adopción, el bullying y la importancia del autoconocimiento. La gente mira con ojos extraños el hecho de que Mr. Peabody se haya decidido a adoptar un niño. Como si la raza o cualquier otro tipo de condición fuera un impedimento para formar familia. Y aquí es donde sentí que el film trataba de una excelente forma un tema muy actual en una película para niños: el amor hacia un hijo trasciende raza, condición social y sexual. La familia solo se forma cuando hay cariño incondicional, cuidado y respeto. Pero debido a los prejuicios, Peabody no se atreve a decir las simples (pero potentes) palabras “te amo” a su propio hijo.

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La cinta también inserta en la historia un nuevo personaje, Penny, quien humilla a Sherman en su primer día de clases, frente a todos sus compañeros, tratándolo de perro. Y es aquí donde surge la gran problemática del niño: ¿ser “perro” es realmente un insulto? ¿La familia es algo de lo que avergonzarse cuando no es tan convencional como la de otros? Sherman deberá aprender, sorteando los problemas de rebeldía que trae el crecimiento, que el amor es uno e incondicional. Y que él es capaz de sacrificar cualquier cosa con tal de cuidar al perro al que desea (pero no se atreve) a llamar “papá”.

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Peabody le enseña además a Sherman la importancia de la historia. Porque, al fin y al cabo, todos somos resultado de nuestra herencia histórica y, al desconocerla, también nos ignoramos a nosotros mismos. Es por esto que Sherman, para poder finalmente aceptarse, deberá viajar al pasado (todos momentos ligados a la importancia de la unión, en cualquiera de sus formas) y luego al futuro para poder completarse y entenderse. Las lecciones de historia claramente son más que fechas para memorizar; son experiencia y aprendizaje al que uno siempre debería volver a mirar para no cometer los mismos errores.

Otra de las cosas que me gustó del largometraje fueron las referencias que mostraba: la mirada a Carnage y 300 me sacó carcajadas. Y los chistes históricos son lejos lo mejor para los adultos, sobretodo los que se hacen cuando Peabody y Sherman visitan el momento cuando se desata el desenlace de la guerra de Troya.

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“Las aventuras de Mr. Peabody y Sherman” es un largometraje que se esconde en una fachada de viajes en el tiempo, pero que en realidad nos habla de aceptar y querer sin prejuicios. Es una película con grandes mensajes para padres e hijos. Disfrútela, luego coméntela en casa. Porque si me hacen elegir, yo no dudaría en decir en voz alta “yo también soy un perro”, sobretodo si se trata de defender a los que quiero. Pues mal que mal, todo lo que soy se los debo a ellos.

 

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