El Hobbit: La desolación de Smaug

Debo comenzar esta crítica como una declaración de principios, para que después no hayan malentendidos con mi opinión de esta película. No soy una gran seguidora de los libros de J.R.R. Tolkien, pero crecí al lado de una verdadera fanática, así que me manejo bastante bien en esto de la Tierra Media. Por otro lado, yo sí leí “El Hobbit” y debo decir que fue una lectura mucho más fácil y entretenida que la trilogía de “El Señor de los Anillos” (libros que requirieron meses de arduo esfuerzo para poder terminarlos de leer), pero eso no me vuelve una fundamentalista con lo que se refiere a las adaptaciones de libros a la gran pantalla.

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“El Hobbit”, por si usted no ha visto la primera parte y quiere igual ir a ver esta película, se sitúa en el año 2941 de la Tercera Edad del Sol y cuenta la historia del hobbit Bilbo Bolsón, quien junto al mago Gandalf y un diverso grupo de enanos, viven una gran aventura en busca del tesoro custodiado por el dragón Smaug en la Montaña Solitaria. Es una historia que nos habla sobre el anhelo de recuperar el hogar perdido, la amistad y la valentía. Además, nos muestra las consecuencias de la avaricia y cómo ésta corrompe a cada una de las criaturas cuando habita en sus corazones.

El libro se diferencia notablemente de la película, partiendo por el principio de que la novela está enfocada a un público infantil (Tolkien escribió la historia para contársela a sus hijos pequeños en las noches) y la extensión de la historia no va más allá de las 330 páginas. Por el contrario, la adaptación al cine está dividida en tres películas (al igual que “El Señor de los Anillos”), por lo que tuvieron que inventar algunas situaciones y agregar nuevos personajes para sostener las casi 8 horas que dura todo el metraje junto. Además, las películas son mucho más oscuras y violentas, posiblemente con el fin de cautivar a un público más amplio que solo enfocarse en el infantil.

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Debo aclarar que a mí me gustó mucho más esta película que la primera. “El Hobbit: un viaje inesperado” me pareció un poco larga y aburrida, y creo que cometió un error capital cuando se trata de películas con diversos protagonistas: al final del largometraje, sentí que ninguno de los personajes importaba mucho, pues no se lograba una empatía con el espectador. Aunque en la primera entrega el enano Thorin casi muere en manos de Azog (el orco al que le falta un brazo), a mí como espectador me fue indiferente, pues sentí que el director de la película (Peter Jackson) no le dio los tiempos de importancia a un momento clave del largometraje, sobretodo porque es ahí donde comienza el gran cambio y viaje interno de Bilbo Bolsón.

Pero en “El Hobbit: La desolación de Smaug” no me pasó esto. Uno por fin logra encariñarse con cada uno de los enanos (Thorin, Balin, Dwalin, Bifur, Bofur, Bombur, Fili, Kili, Oin, Gloin, Ori, Dori y Nori) y su cruzada por recuperar el único lugar al que pertenecen. Los momentos más logrados son de ellos, como la magnífica secuencia del escape en los barriles (que saca varias carcajadas por su genialidad) y, hacia el final de la película, cada uno de los enanos toma su propia personalidad y uno termina por encariñarse y comprometerse con su destino.

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La aparición del dragón Smaug es otro de los puntos a favor que tiene esta película con respecto a la primera. Las conversaciones de Bilbo con Smaug son atrapantes y es ahí donde está toda la tesis del largometraje. Los personajes agregados solo para el film logran darle dinamismo y nuevos conflictos para que la historia jamás decaiga, como es la aparición de Legolas (que saca exclamaciones de júbilo entre los más fanáticos) y la elfa Tauriel, quien es la que trae consigo la cuota de amor necesaria para los momentos de relajo de la película. Debo admitir que el personaje de Bardo (el humano de turno, que también sale en el libro) es el que menos logró captar mi atención; no sé muy bien si se debe al actor elegido para el papel o al personaje en sí, el cual encontré un poco insulso y plano en el film.

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¿Y vale la pena verla en 3D? Yo creo que sí. Hay varias escenas que están bastante bien logradas para la tridimensionalidad, sobretodo la parte de las arañas gigantes que quedó extremadamente convincente, para el terror de los aracnofóbicos. Mi recomendación para la semana es ir a ver “El Hobbit: La desolación de Smaug” sin lugar a dudas, pues es entretenida y uno queda con ganas de saber más altiro, a pesar de la larga duración del largometraje. ¿Tiene que haber visto la primera para ver esta? Yo creo que no. Fui a ver la película con alguien que no conocía nada de “El Señor de los Anillos” y que tampoco había visto “El Hobbit: Un viaje inesperado” y comprendió de inmediato la historia, se entretuvo tanto como un fanático y quedó con todas las ganas de ver la tercera.

“El Hobbit: la desolación de Smaug” me gustó tanto, que se puede definir en las palabras con las que el propio Smaug se describe a sí mismo: “Mi armadura es como diez escudos, mis dientes son espadas, mis garras lanzas, la punta de mi cola es un rayo, mis alas un huracán y mi aliento muerte”. Ojo con el plano final de la película… luego de ese corte maestro, de seguro quedarán clamando por más.

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